La tradición se alía con el deporte

María Urrutia y Jota, durante la entrevista mantenida en la sede de la bodega, en el barrio de la Estación de Haro. :: cvne/
María Urrutia y Jota, durante la entrevista mantenida en la sede de la bodega, en el barrio de la Estación de Haro. :: cvne

Cvne colabora con el triatleta ciego Jota en su objetivo de participar en Tokio 2020

J. LÓPEZ

«El deporte me ayuda a buscar mi mejor versión». José Luis García Serrano, ciego total desde hace seis años y triatleta madrileño, cuenta su vida de superación con naturalidad, sin sentencias y con cierta sensación de estar aburriendo.

Trufa su relato de varias conversaciones. Diálogos que marcan un itinerario vital que se fundió en negro en el 2012 por una enfermedad que le diagnosticaron con 8 años.

Jota, como le conoce la gente, recuerda, por ejemplo, un diálogo. Explica que a los 26 años decidió estudiar óptica en la universidad: «Sé que, dicho ahora, suena raro un óptico ciego», apunta socarrón.

El triatleta madrileño, de 34 años, se quedó ciego total en el 2012 debido a una enfermedad

Entonces tenía una vida completamente normal, pero mientras se adentraba en el estudio de los ojos, hubo un momento en que se dio cuenta. Repasó su vida rodeado de oftalmólogos y ató cabos. E hizo una llamada de teléfono. Al otro lado estaba su madre: «Mamá, me voy a quedar ciego».

El hombre de una sola letra vuelve a la consulta de su médico: «La doctora me dijo que no se podía hacer nada por recuperar la vista, que me iba a quedar ciego; yo le dije que en las próximas olimpiadas me buscara en la tele».

Thelos, su perro guía, no se inmuta a los pies de su amo. La etimología de su nombre remite al final, a lo que acaba. Para Jota, no es más que el nombre de su perro.

Huye de frases hechas: «No ver es una putada». Pero añade: «Soy mejor persona y estoy más feliz ahora que antes de quedarme ciego».

Explica Jota que «haber visto resulta muy útil cuando hay que explicar ciertas cosas o matices mientras entreno». Pero asume que es «doloroso no ver ciertas caras o determinados paisajes».

La historia de Jota llegó a oídos de María Urrutia, directora de marketing de Bodegas Cvne, habló con él y no tardaron en llegar a un acuerdo: «La bodega no suele hacer este tipo de cosas, pero en el reto de Jota vimos esa idea de superar obstáculos que también compartimos y decidimos ayudarle».

El triatleta madrileño no puede dejar de sonreír mientras escucha el relato de María: «Que alguien crea en ti es muy estimulante, pero que sea Cvne es alucinante para mí».

El convenio que han firmado estos días supone la colaboración de la bodega en todo lo que necesite en cuanto a material y desplazamientos.

La idea es cubrir las pruebas necesarias de cara a conseguir un puesto para los Juegos de Tokio 2020. «No es fácil, pero podemos conseguirlo», asegura Jota.

Cuenta que el triatlón, desde que vio una prueba, le apasionó: «Decidí soltar los plomos que tenía en los pies y empezar a volar».

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