Tatuajes en la piel del vino

Mery Raijin completando su barrica ante el público de Haro con un estilo personal y neotradicional. :: c.v.

Bodegas Bilbaínas personaliza las barricas donde reposará uno de sus caldos

C. VALDERRAMA

Marcar la piel con un tatuaje es un compromiso que uno establece con su propio cuerpo. Supone una manera de ilustrar sentimientos, gustos y sensaciones. Llevarlas siempre con uno mismo conformando también una manera de ser y de sentir la vida. Y ese compromiso, Bodegas Bilbaínas lo ha querido trasladar también al vino.

La firma centenaria del barrio de la Estación ha querido rendir un homenaje a sus orígenes y aunar la tradición y modernidad. Durante este mes ha confiado en tatuadores profesionales nacionales e internacionales para que tatuaran en directo las barricas, la piel del vino mientras reposa y se hace grande.

Y la gira por diferentes ciudades españolas finalizó ayer en Haro, en la ciudad donde Bilbaínas comenzó a formarse como bodega. El enólogo de la firma Alejandro López reconoció ante el centenar de asistentes que Viña Pomal «tiene un compromiso con los valores de la tradición» y el proyecto ha querido «marcar a fuego los barricas donde reposará el vino con esos valores».

Seis tatuadores han plasmado su arte en la madera de roble donde descansará el vino

La elegida para completar en Haro el tatuado de barricas ha sido Mery Raijin. La artista vitoriana ha estado trabajando muchas horas para plasmar su arte en la madera. En el mundo del tatuaje, como en el del vino, hay muchos estilos y muchos gustos. «El vino tiene diferentes aromas, sabores y tiene muchas similitudes con el tatuaje», reconoce.

Desde Viña Pomal les sugirieron una serie de temas como el compromiso con la tierra y el origen y la tradición y cada uno de los artistas ha podido plasmar en la barrica su manera de expresarlo.

Para Raijin tiene que ver con el paisaje de donde nace el vino. Las Conchas o los edificios emblemáticos de Bilbaínas están marcados en las letras de la palabra compromiso, que abrazan toda la barrica. Caras de chicas y pájaros, su marca personal, también se entremezclan para crear una obras de estilo neotradicional y muy personal.

La experiencia de marcar la piel del vino «ha sido muy positiva e incluso da pena que se acabe». La barrica, a diferencia de la piel humana no se mueve, pero también tiene sus pegas. «Ni se mueve ni se queja pero al quemar la madera sale un humo que se te mete en los ojos y es molesto», confiesa. Por eso ha invertido muchos ratitos para plasmar su arte.

Megan Massacre, Jack T. Newton, El Bueno, Bufonetty y Moay son el resto de artistas que han completado la colección de seis barricas de roble que se expusieron ayer. A ellas se trasegará el vino para que descanse durante unos meses. Y ese reposo estará a la vista de la gente que pase por la bodega, para que puedan disfrutar el arte del tatuaje.

El Viña Pomal Compromiso dejará su piel tatuada a finales de año para pasar a la botella y comenzar su comercialización. Pero esas barricas permanecerán en Bilbaínas para recordar que la tradición y el origen están marcados a fuego.

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