Las piedras caídas del pasado

Edificio en ruinas en la calle Garrás del centro histórico de Haro. :: j.l./
Edificio en ruinas en la calle Garrás del centro histórico de Haro. :: j.l.

La Concejalía de Obras se enfrenta en cada inmueble a un laberinto legal que limita las opciones de una regeneración urbanaEl Ayuntamiento busca «herramientas» para tomar la iniciativa en el casco antiguo

JÖEL LÓPEZ HARO.

Las calles del casco antiguo se doblan, se bifurcan, son sinuosas e irregulares. No responden a un plan establecido. El callejero del corazón de Haro dibuja un bonito galimatías que encaja como perfecta metáfora del camino que lleva la tan pronunciada regeneración del casco antiguo.

Uno de los primeros inconvenientes es encontrar al dueño o, al menos, un interlocutor válido para poder llegar a un acuerdo sobre las decisiones a tomar y las responsabilidades a asumir.

En el caso de edificios muy deteriorados otro obstáculo es quién toma la decisión de arreglar o derribar esos inmuebles. Hay propietarios que no quieren hacer nada pero hay otros que no pueden por falta de recursos. El Ayuntamiento tiene herramientas para hacerlo pero a costa del erario público y no siempre se tiene la garantía de poder recuperar ese dinero.

Ante tantos callejones sin salida, el concejal de Obras, Javier Redondo Egaña, asegura que «hay que buscar herramientas legales que permitan actuar sobre determinados espacios y mejorarlos». E insiste: «Me niego a quedarme con los brazos cruzados mientras los edificios se están cayendo».

Una de las opciones es acudir a Hacienda, quien «no suele actuar por iniciativa propia», para reclamarle una cesión de esas herencias no reclamadas para poder actuar sobre ellas. Redondo reconoce que no es fácil pero «es una opción» porque, al menos, Hacienda es «un interlocutor sólido».

El concejal trabaja desde hace tiempo en una compleja ordenanza que «está redactada pero no discutida» que permitiría al Ayuntamiento tomar la iniciativa y poder intervenir en algunos solares.

Esta opción parte de la premisa de que todo propietario de una finca de suelo urbanizable tiene unos derechos «pero también tiene unas obligaciones». Una de ellas es edificar, construir.

La ordenanza, que según Javier Redondo ya se utiliza en municipios de Valencia, establece la potestad municipal de reclamar al propietario del inmueble que, si pasado un tiempo sigue sin construir, ceda ese derecho a otra persona. Pudiendo ser el Ayuntamiento esa persona.

Reconoce Redondo que es «un tema sensible» porque «lo que parece una idea en favor del bien común se puede ver como una merma de los derechos del propietario».

Aun así, asegura que «puede ser una herramienta útil para desbloquear muchos de los edificios que hay en el centro». A pesar del laberinto, Redondo es optimista: «Es un trabajo lento y complejo pero que tenemos que pensar entre todos».

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos