Miles de litros de vino para entrar en calor

La bota, la herramienta tradicional y la que se quiere potenciar, convive con pistolas, calderos y sulfatadoras para mojar a todos los romeros que empiezan blancos y acaban morados. :: fotos donézar

La tradicional Batalla del Vino de Haro reunió a millares de personas en los Riscos de Bilibio

CRISTINA VALDERRAMA

Al mal tiempo, buena cara. O buen remojón de vino. Pero en este caso, las previsiones meteorológicas no acertaron en exceso y aunque hizo frío, los romeros disfrutaron de una bonita mañana con sol en los Riscos de Bilibio. La Batalla del Vino reunió a millares de personas en la fiestas de las fiestas. Aunque no hay cifras exactas, se hablaba ayer de unas 3.000 personas, algo menos que en años anteriores.

Lo cierto es que la rotación constante de los autobuses y las bajas temperaturas hicieron que muchas personas bajaran ya mojadas de vino mientras otras aún estaban subiendo. Así que desde las siete de la mañana y hasta eso de las diez, la gente estuvo bailando y disfrutando en las campas de Bilibio. Porque nada más subir, cada uno empieza su batalla independientemente de la hora que sea.

Cierto es que la cofradía de San Felices celebra su misa en la ermita a las 8.45 horas y que es después cuando comienza la contienda. Pero hace años que abajo, en las campas, llevan un horario diferente. El abad Carlos Esteban predicó en una ermita abarrotada y a la salida comenzó la lluvia de vino con las botas. Y arriba, en los riscos, donde se celebraba hace años antes de que la contienda se trasladara abajo por motivos de seguridad.

Cada año es más notable la presencia de extranjeros que suben dispuestos a pasárselo bien y a respetar la tradición. Muchos suben con bota, pero las pistolas con un buen depósito están ganando la partida. Y no sólo entre los extranjeros, también entre los jarreros.

Aunque son muchos los que siguen llevando la bota al hombro, al armamento utilizado se le suma el caldero, la garrafa y hasta las sulfatadoras. Todo para una auténtica lluvia de vino que riega las campas y a los visitantes que pisan en ellas.

Al amigo, al enemigo, al vecino, al conocido y al despistado, un calderazo por la espalda, por delante o con previo aviso. Y todos, tan contentos. Porque en eso consiste la Batalla del Vino y por eso su fama crece y crece y nadie se quiere perder la fiesta.

El frío, comentario repetido

Público hay de todas las edades, desde menores de edad que suben acompañados por sus padres o familiares y disfrutan de la fiesta un poco más alejados del bullicio hasta octogenarios. Como José Ruiz 'El Feo', que lleva muchas batallas a sus espaldas y que a sus 84 años continúa subiendo. «Ha sido una buena mañana porque ha salido el sol y había buen ambiente», comenta.

El frío fue durante la contienda el comentario más repetido. Durante el baile y mientras les iba cayendo el vino pocos se quejaban de las bajas temperaturas, pero al final de cada batalla se advertía de un frío mayor al de otros años. Algunos optaron por calentarse ante las hogueras, cambiarse de camiseta o refugiarse en los coches. Y muchos adelantaron su bajada a Haro.

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En la ciudad el viento no ayudaba a elevar la temperatura. Pero con frío o con calor, los romeros y sobre todos los jarreros cumplieron con la tradición de subir a San Felices. Y ayer lo hicieron con pocas o ninguna hora de sueño, madrugando y disfrutando de una mañana con la que finalizaban las fiestas de junio.

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