«Mi meta era vivir en Asia»

Cynthia Cueva Velasco posa en Bangkok con sus dos hijos. :: C.C.V./
Cynthia Cueva Velasco posa en Bangkok con sus dos hijos. :: C.C.V.
Cynthia Cueva Velasco | Jarrera en Bangkok (Tailandia)

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Hace nueve años la jarrera Cynthia Cueva se trasladó a Inglaterra para aprender inglés y buscar trabajo. En el 2014 la conocimos, a través de esta misma sección, en Londres, pero ahora reside en Tailandia, a donde viajó en 2015. Licenciada en Filología Hispánica por la UR y máster Didáctica del Español como Lengua Extranjera, ejerce de jefa de Español en un prestigioso colegio de Bangkok.

Afirma que su motivación para cambiar de aires fueron, principalmente, laborales, pero también querer conocer otras culturas, aunque «ahora mismo llevo tanto tiempo fuera que no sé si recuerdo dónde está mi zona de 'confort'». «Mi meta era vivir en Asia», advierte, por eso seleccionó los países que más le interesaban y solicitó trabajo en sus colegios. Finalmente se decidió por Tailandia porque «siempre me ha interesado la cultura budista, aunque confieso que vine aquí sin saber muy bien lo que significaba vivir en Asia».

«Tailandia es un país de contrastes donde emoción y tranquilidad, comodidad y riesgo, modernidad y tradición, lujo y pobreza se dan la mano», describe Cynthia, quien confiesa que, «al principio me llevé bastante 'shock'». En agosto, Bangkok parece «una sauna de la que no sales, ya que aquí no existe el frío». Sólo hay dos estaciones: «lluviosa (el famoso monzón) y seca (cuando más calor hace es en abril, sobrepasando diariamente los 40º C)». «Otra cosa que llama la atención de Bangkok es el olor a barbacoa», reconoce esta jarrera que se proclama vegana, y también «su fluido y caótico tráfico, las normas de seguridad deben de existir pero no se usan y cruzar una calle es todo un acto de valentía». Ella y su familia (tiene dos hijos) viajan en bici.

«Seguiremos viajando, aún no es momento de regresar a España»

El país también tiene aspectos positivos, como que «la gente es muy abierta, siempre intentan ayudarte». Cynthia está intentando aprender tailandés pero confiesa que «es muy difícil ya que tiene ¡44 consonantes, 28 vocales y 5 tonos!». Hay una cosa allí que le recuerda a su Haro natal: «Celebran el año nuevo en abril con una fiesta del agua llamada Songkran que es como la Batalla del Vino de Haro pero con agua y a nivel nacional». Pero no todo es turismo y playas paradisíacas, Cynthia y su marido ejercen de voluntarios en uno de los orfanatos locales que recogen niños de la calle. «El proyecto consiste en apadrinar a una niña, a la que nos comprometemos a sacar por ahí para que conozca sitios de su ciudad y, a la vez, intentar que aprenda inglés», explica esta riojana. «Vinimos por dos años pero hemos decidido quedarnos. Seguiremos viajando, aún no es momento de regresar a España», afirma Cynthia.

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