Investigando desde Chile

Leticia Irazola Rosales, jarrera en Santiago de Chile

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOLOGROÑO

Desde que dejó Haro para estudiar Físicas en Zaragoza, Leticia Irazola ha estado en continuo movimiento. Con varias paradas internacionales entre medias, en septiembre del pasado año terminó el Doctorado Internacional en Física Médica. Y a principios de año, una beca del Banco Santander le llevó a Chile para investigar contra el cáncer.

Llegó en marzo y todo este tiempo está participando en un grupo de radiobiología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. En concreto, su trabajo se centra en desarrollar modelos de riesgo de segundo cáncer tras tratar el primero con radioterapia.

La elección del destino «fue fruto de una colaboración previa a nivel laboral» y asegura que aunque fue «un poco a ciegas», en tan sólo unos meses se ha enamorado de Chile de punta a punta. «Me atrae mucho la diversidad que puedes encontrar de norte a sur» -dice-, unas diferencias de paisajes y culturas en un país muy extenso que ella ya ha observado en sus viajes.

La adaptación a la vida en Santiago de Chile ha sido rápida ya que es una ciudad «bastante europea dentro de Iberoamérica». Sí que ha notado que la vida es mucho más tranquila. «Tienen otro ritmo de vida que hace que bajes el pistón», asegura. También reconoce que la gente es «bastante abierta» y que es difícil sentirse sólo porque «encuentras españoles en la misma situación en muchos sitios». De momento, «le parece un lugar agradable para vivir», una opinión en la que coincide con los extranjeros que va conociendo.

Y también para viajar. La experiencia en Chile la está exprimiendo al máximo y en estos meses ha recorrido lugares como el desierto de Atacama o el sur de la Patagonia. Y está recién llegada de un lugar que le ha marcado especialmente: «Isla de Pascua me ha enamorado a todos los niveles», afirma rotunda. La cultura rapa-nui, los moai, el clima y la isla «es algo que te deja sin palabras», añade.

De Chile recomienda Santiago y Valparaíso, dos ciudades importantes y muy diferentes y esta última «con mucho encanto». Y también la zona de volcanes en la parte más central del país es de los imprescindibles, «de las de visitar al menos una vez en tu vida».

Por poner algún pero, la contaminación en Santiago es lo que menos le gusta aunque reconoce que disfrutar de las vistas de la Cordillera «con los picos nevados, el sol de fondo y la ciudad a los pies es mágico».

Su aventura en Chile está prácticamente recién estrenada pero de momento no tiene fecha límite. «El mundo de la investigación es incierto y está a merced de la financiación», señala pero sí que está pensando continuar sus estudios allí. Y en la distancia se acuerda de la familia y de los amigos y de esos vinos por la Herradura.

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