Haro: la fiesta llega para quedarse

Haro: la fiesta llega para quedarse

Los jarreros se preparan con ganas e ilusión para unos días llenos de tradición y diversión que culminan con la Batalla del Vino

Jöel López
JÖEL LÓPEZ

Alguien escribió en una pared que «no hay instante más dulce que el que precede a una revolución». Ese momento en el que el deseo, las expectativas y los recuerdos que aún no se tienen se agolpan justo antes de que todo salte por los aires.

Los jarreros se encuentran en ese preciso momento en el que saben que todo está a punto de pasar. Y lo mejor de todo es que saben perfectamente qué es lo que va a pasar y la impaciencia se empieza a notar.

Y si el jarrero está preparado para lo que viene, el programa de actividades también lo está para recibir a todos los jarreros y jarreras y para que disfruten de la celebración de San Juan, San Felices y San Pedro.

La tradición es una parte fundamental de las fiestas de Haro. Según Naiara Hernáez, Priora de la Cofradía de San Felices de Bilibio es «lo más importante» y reconoce: «Ahora nos toca a nosotros cuidar esa tradición y esas costumbres que nos han llegado; es nuestro momento».

Porque San Felices es el as de guía de este recorrido festivo jarrero. Aunque los tres patrones tiene su importancia y su emoción, es el ermita de los riscos de Bilibio el que canaliza la emoción de todos estos días.

Todo comienza con la solemne celebración del 25 de junio con una misa oficiada por el obispo Carlos Escribano. Después la tradicional procesión con las reliquias del Santo por las calles de Haro.

Y el 29 de junio, festividad de San Pedro, toda la algarabía y jolgorio jarrero se traslada en alegre procesión hacia los risco de Bilibio donde se celebrará la clásica batalla del vino. Un acontecimiento esperado por todos que siempre responde a las expectativas de los asistentes.

Alrededor de esta festividad, el ánimo lúdico de los vecinos de Haro se reparte entre los otros dos patrones: San Juan y San Pedro.

El fuego festivo se inicia ya la noche de San Juan, aquella que va del 23 al 24 de junio. Una noche larga, la mayor del año, que anticipa las ganas de alargar las fiestas.

Las hogueras marcan el camino a seguir. Un evento menos multitudinario que otros pero más íntimo y entrañable para los jarreros que queman todo lo mal que ha pasado durante los 264 días anteriores que, sin embargo, les ha llevado a estar frente a las piras de fuego para empezar con buen pie otro nuevo ciclo en el que, al menos al principio, la fiesta y el buen rollo será protagonista.

Y tras el fuego, la música y las ganas de pasarlo bien. Este año, la programación se ha adornado con un mayor espacio para la música y las actuaciones musicales, tanto a nivel de conciertos como de eventos callejeros.

Hasta llegar a la batalla final en Bilibio, los jarreros tendrán que administrar las fuerzas para disfrutar de comidas populares, homenajes, pasacalles, bajadas y encuentros emocionados entre amigos, vecinos y visitantes.

La revolución de la fiesta está a punto de llegar y todo el mundo en Haro está con esa sonrisa de quien sabe lo bueno que está por acontecer.

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