Haro hace cantera desde la cuna

La Batalla del Vino Infantil agotó los 2.000 litros de vino sin alcohol en menos de una hora

CRISTINA VALDERRAMA

Es un día muy grande aunque los protagonistas son los más pequeños. Una jornada para transmitir las tradiciones, para hacer jarreros desde la cuna. La Batalla del Vino en los Riscos de Bilibio es algo que los de Haro lo llevan muy adentro. Y ese sentimiento se traslada a los niños desde que nacen.

Hace trece años que a la gran contienda le salió una hermana pequeña. Y la Batalla del Vino Infantil se ha hecho ya muy grande. Centenares de personas participaron ayer en una pacífica contienda en la que la ganadora es la fiesta.

A las 10 de la mañana, los Jarreros Infantiles junto a la regidora síndica Obdulia Labiano y el prior juvenil, Jorge Zabala, emprendieron el camino desde la emblemática plaza de la Paz. Y una marea blanca con pañuelos rojos al cuello fue bajando hasta el Ferial.

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A esta batalla no le falta de nada, ni siquiera San Felices, que preside la contienda desde sus riscos en el centro del Ferial. Y después de que el prior leyera el pergamino se empezaron a suceder las carreras por las campas.

La organización dispuso 2.000 litros de vino sin alcohol que se acabaron en menos de una hora. Y eso que sólo llenaban las botas. La bota de vino es la herramienta tradicional y la que se fomenta desde la comisión de Fiestas aunque cada vez aparecen más pistolas entre los más pequeños que traen de casa su propio mosto.

Algún lloro y muchas risas

Casi sin poder andar, los niños aprenden a sujetar la bota, con ayuda de los mayores, y a mojar al amigo. Y los padres y abuelos disfrutan tanto o más que los niños. También aprovechan para mojar y ser mojados con la bota y prepararse para la gran batalla de mañana.

Algún lloro al recibir el primer chorro de vino, pero sobre todo muchas risas y muchas carreras que en una hora se acabaron. La comisión de Fiestas preparó chocolate para todos y las cuadrillas disfrutaron de auténticos festivales gastronómicos.

Con la tripa llena y una camiseta seca para los pequeños regresaron a la plaza de la Paz para dar las típicas vueltas.

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