La Rioja

Almuerzo tras la gran batalla

Los hermanos Muga, con la cuadrilla en los almuerzos en Santo Tomás el día de San Pedro. :: calleja
Los hermanos Muga, con la cuadrilla en los almuerzos en Santo Tomás el día de San Pedro. :: calleja
  • Los hermanos Muga, con la cuadrilla en los almuerzos en Santo Tomás el día de San Pedro

Hay tradiciones que se mantienen, unas se olvidan y otras van y vuelven. Y en Haro han optado por recuperar e impulsar los almuerzos el día de San Pedro. Ese es el día de la gran batalla, la Batalla del Vino, una fecha marcada en grande y en rojo en el calendario de todo buen jarrero. Una jornada que empieza de madrugada, bien juntando la noche con el día o con pocas horas de sueño a las espaldas. Y tras batallar con la bota de vino, el almuerzo está más que merecido.

Los romeros dan buena cuenta de las viandas típicas de este día en las campas de San Felices, antes de regresar a dar las vueltas a Haro. Pero los que se quedan en la ciudad también salen a media mañana a hacer tiempo sentados a la mesa para juntarse después con los romeros en la plaza.

Era habitual que la Herradura se llenara de mesas y allí se reunieran las cuadrillas. Alguno incluso bajaba a almorzar a Haro después de empaparse, por dentro y por fuera, del buen vino de esta tierra. Y en el menú tempranero no podían faltar los caracoles, plato estrella el día de San Pedro, y el lomo con pimientos, también un clásico.

En la foto se muestra a uno de esos grupos de amigos que aguardaban a que dieran las doce para bajar a la cercana plaza. La espera siempre es mejor junto a una copa de vino, en buena compañía y disfrutando de los caracoles.

En este caso, su afición al fútbol los unió. Los hermanos Muga, Manolo e Isacín, Rafael García 'Chole', Ángel Parra y Manolo Huerta eran grandes aficionados y coindieron antes o después en el Haro Deportivo. Junto a más amigos, entre ellos Juli Tere Vargas, plantaron su mesa en la calle Santo Tomás para disfrutar de la fiesta.

Como demuestra la imagen, la Herradura era un hervidero de gente. Porque los que no subían a la batalla tampoco se quedaban en casa. El madrugón es similar para unos y para otros porque la fiesta, cuando antes empieza, más se disfruta.

Y esa costumbre de reponer fuerzas en la calle se está recuperando en la mañana de San Pedro. La mayoría de los romeros que suben a los Riscos de Bilibio, se quedan en las campas de San Felices a secarse y a almorzar. Pero muchos también deciden bajar a disfrutar con la familia y con los amigos en Haro. Y, por supuesto, los que no suben, por el motivo que sea, también viven los almuerzos de una forma muy especial.

Ya el año pasado se podían contar varias cuadrillas por la Herradura y por otras calles de Haro recuperando una tradición de esas buenas, agradables y atractivas que vale la pena conservar. Porque cualquier excusa es buena para sentarse a la mesa y disfrutar de la conversación junto a un buen vino de Haro.

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