Ezcaray volvió a obrar el milagro

Ezcaray volvió a obrar el milagro

Un gran esfuerzo logró contrarrestar una temporada pésima y llevar a la exposiciónmicológica 250 especies

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Por muy cuesta arriba que se ponga la temporada; aunque el agua se convierta en una quimera y el suelo de los montes se mantenga estático, sin vivir esa erupción por tantos esperada, siempre habrá algún sitio en el que salgan setas y, al mismo tiempo, atentos voluntarios que nada más verlas piensen: «Esta para Ezcaray». Esa referencia anclada en el subconsciente de muchos y el esfuerzo desplegado por una legión de entusistas colaboradores salvaron un año más a la exposición de las Jornadas Micológicas que desde hace 26 años organiza la asociación 'Amigos de Ezcaray', que, no se sabe muy bien cómo, logró reunir ayer más de 250 especies. Aplíquese al evento: para quitarse el sombrero...

«Esta exposición no es ni de lejos la mejor que se ha presentado aquí, pero nunca antes se había tenido que trabajar tanto para poder reunir las especies que tenemos este año», confesó Martín López Cueto, uno de los grandes micólogos que ayer se dieron cita en torno a la muestra, además de Ramón Mendaza, Carmelo Úbeda... Ezcaray fue ayer una Facultad de Micología. «La temporada está realmente difícil, rayando lo imposible, y por eso han tenido que emplearse a fondo gran número de personas, en multitud de sitios de la zona y aledaños», añadió el experto, que no obvió que en otros lugares se han anulado exposiciones por falta de material. «Para la dificultad que entraña la temporada ni de lejos nos imaginábamos reunir más de 250 especies. Éramos muy pesimistas, pero con el trabajo de la gente y, sobre todo, con su ilusión, se ha logrado», concluyó.

Un nuevo éxito que pudieron certificar las miles de personas que convirtieron a Ezcaray en un referente micológico, en el que las setas y hongos estaban por todas partes: ambientaban las calles grandes ejemplares. ¡Quién pudiera encontrarse alguno así!; había talleres infantiles y exposiciones de manualidades, por supuesto micológicas; los niños saltaban en una atracción de nombre 'Setilandia', cuya decoración era, imagínense cuál; en un parque, una cuadrilla de simpáticos gnomos -sí, de los que viven en las setas-, repartían caramelos por doquier; en unos fogones en la calle se preparaban pinchos de setas sin parar; la micología también poblaba las nutridas barras y las cartas de los restaurantes; se vendían libros y pósters micológicos; un puesto trataba sobre el cultivo del champiñón; sorteos... Todo giró ayer en torno a las setas, que, pase lo que pase, nunca faltan a su cita con Ezcaray.

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