Vuelta a casa después del susto

Eusebio y Alfredo, delante de la casa, en la calle el Olivo. :: m.f./
Eusebio y Alfredo, delante de la casa, en la calle el Olivo. :: m.f.

Las familias de la calle Olivo han vuelto a sus casas; las de la calle Mayor lo podrían hacer en unos días

M. FÉLEZ

Alfredo y Eusebio entran con una escalera en casa. Es una de las que han estado precintadas durante 17 días por el peligro de derrumbes en la calle Olivo en el casco antiguo de Calahorra. Desde el viernes pueden ya volver a dormir en casa. Casi ni se lo creen después de más de dos semanas de incertidumbres y de buscar alternativas a su vivienda.

Alfredo es el propietario. Allí vive junto a su mujer y a sus tres hijos, el más pequeño, de ocho años. «Veníamos avisando de que esto podía pasar desde hacía meses pero nadie nos hizo caso», comenta lamentándose de que nadie evitase a tiempo el problema.

Después llegó la nevada. «¿Quién se cree que por que caigan diez centímetros de nieve una casa se viene abajo?», se pregunta. «El problema es anterior. El Ayuntamiento debería multar a todo aquel que no tenga su casa en condiciones», dice su cuñado.

«El Ayuntamiento debería multar al que no tenga su casa en condiciones»

Ha sido en casa de éste donde la familia se ha alojado durante todos estos días. «Nos ofrecieron diferentes alternativas», cuenta Alfredo. «Una era estar en el albergue de peregrinos pero teníamos que estar cada uno en una habitación y no queríamos separarnos de nuestros hijos porque aún son muy pequeños, así que para nosotros no era una opción a tener en cuenta», explica. «Un hotel, al fin y al cabo, no es como una casa», sentencia. «La otra era buscar un piso de alquiler pero sabíamos que con tres niños y sólo para unos días iba a ser imposible encontrar nada», relata. Así que decidieron quedarse en casa de su hermana y su cuñado, en la calle Arrabal, también en el barrio.

No les pilló de sorpresa cuando les advirtieron de que debían desalojar su casa. «A mi mujer le dio un ataque de ansiedad porque sabes cómo dejas todo cuando te vas pero no cómo lo vas a encontrar cuando vuelvas», comenta Alfredo.

«Está todo mucho mejor de lo que esperábamos», dice tajante. Quiere aprovechar para dar las gracias a la empresa constructora. «Lo han hecho todo con una delicadeza increíble y lo más rápido que han podido para que pudiésemos volver a nuestras casas».

Mientras terminan de meter la escalera en casa pasa uno de sus vecinos. «Bienvenidos», le espeta. El hombre relata la mala situación de la calle. «Yo la sufro a diario, tengo que sacar a mi madre en silla de ruedas y es inhumano», explica.

La familia de Susana también ha podido volver a casa. Los primeros días se alojó en su tienda, también ubicada en el casco antiguo del barrio, después ella y su hijo se trasladaron al albergue de peregrinos, donde el trato ha sido «exquisito» durante estos días. Su marido decidió seguir viviendo en la tienda que regenta en la calle Doctor Fleming.

Tres familias aún realojadas

Aún quedan tres familias sin poder entrar en sus casas. Son las de la calle Mayor, de los números 29 y 25. De ellos una familia se fue a casa de unos familiares desde un primer momento y las otras dos pasaron unos días en un hotel de la ciudad (pagado por las ayudas de emergencia del consistorio). Ahora uno de ellos ha encontrado un alquiler. «Se ha pagado dos meses de alquiler desde Servicios Sociales», apunta la edil del área, María José Torrecilla. «Sabemos que será mucho menos tiempo el que tendrán que estar allí pero creíamos que era la mejor forma de hacerlo», continúa. La otra familia se aloja desde hace unos días en la segunda vivienda de unos amigos. «Les ofrecimos la posibilidad de pagar un alquiler a esos amigos pero no quisieron», comenta la edil.

El Ayuntamiento cuenta con los pisos de emergencia social que se podrían haber utilizado en este caso de no ser porque ambos están ocupados por familias que los necesitan.

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