EL PROBLEMA DE LA DROGA

REFLEXIONES - SANDA SAINZ

Hay lunas que brillan y deslumbran tanto que no dejan ver la realidad, otras que iluminan en su justa medida el camino a seguir y también las que, tapadas por nubarrones, esconden en la oscuridad el pozo al que uno se dirige sin remedio.

Podemos ver la luna como queramos. Reluciente, amable, cautivadora o bien desconocida, llena de cráteres que atraen y de los que luego no se puede salir, o incluso darle la espalda para no ser conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor.

'Damián y la Luna' es un cortometraje de Rosa Rodríguez y Esther Lorente que se estrenó el viernes en el cine Avenida de Rincón de Soto y trata el problema de la droga de una forma natural y directa. Deja claras las consecuencias, en este caso la muerte de Damián, un joven de tan sólo veintiún años, y el drama y dolor de toda su familia, amigos y conocidos.

La incomprensión, la culpa, el recuerdo son sentimientos que se suceden. Lágrimas, sollozos, pañuelos en la mano de jóvenes y mayores muestran el resultado efectivo de este cortometraje, que tiene un aire de documental.

La congoja y tristeza invadieron a todo el público, muchos rinconeros y bastantes calagurritanos que conocían a Damián, ya que su relación con la ciudad fue estrecha por trabajo, ocio, familia, amistades y porque murió aquí, en Calahorra.

La historia de Damián es la de cientos de personas, no sólo jóvenes, que han perdido su vida o la han malgastado por adicciones a sustancias de las que, lamentablemente, resulta muy difícil desengancharse y, si se logra, las consecuencias que arrastran pueden llegar a ser insuperables. Los detalles que encierra cada caso dan igual. El final, la mayor parte de las veces es el mismo: familias destrozadas.

'Damián y la Luna' muestra lugares de Rincón de Soto y Calahorra, escenas cotidianas, sensaciones, duelo, cariño, preguntas y una dura realidad que hemos visto numerosas veces en las películas y en las noticias. Pero esta vez el mensaje resulta más real y efectivo ya que el auditorio pone cara al protagonista.

La narración durante once minutos, las imágenes y la música buscan ayudar en el duelo, mirar hacia delante sin reproches y sin olvidar. No hace falta recurrir a escenas duras, el relato lo es de por sí. Ahora hay que sacar las conclusiones y evitar que esto vuelva a ocurrir, ¿pero cómo se hace? No hay una fórmula ni un método. Cada persona, cada situación es diferente y el ser humano vuelve a tropezar una y otra vez en la misma piedra. Parece mentira hoy en día, con la información que existe al alcance de todo el mundo, pero ocurre.

Estamos viendo como disminuye la edad de inicio del consumo y el tráfico parece imparable a pesar de las actuaciones policiales. Siempre está ahí. Aparecen nuevas sustancias, regresa la 'moda' de tomar otras. De la consideración de vicio se pasó a la de enfermedad pero se continúa dejando en manos del enfermo la decisión de dar el paso adelante. ¿Cómo puede hacerlo si ni siquiera es consciente de sus actos? ¿Qué está fallando?

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