NO FUE PADILLA

PABLO GARCÍA-MANCHA - CRÍTICO TAURINO

No fue Padilla. La corrida del día grande de Calahorra no la suspendió el torero jerezano porque sintió el capricho irrefrenable de fastidiar las fiestas a las más de dos mil personas que habían comprado su localidad. No. La realidad es que el ruedo estaba impracticable para torear, tan blando que los toros hubieran hundido sus pezuñas y que la mínima seguridad de los toreros para moverse por el ruedo estaba totalmente en entredicho. Yo mismo, como tanta gente, bajé al ruedo y comprobé el lamentable estado del mismo. Padilla y 'El Cid' decidieron no torear con absoluta lógica y profesionalidad, y Varea, apoderado por la empresa de la plaza, no secundó la decisión puesto que iba contra los intereses de su jefe. No me parece justo echarle la culpa a los toreros, máxime cuando la responsabilidad del coso es tanto de su propietario (Ayuntamiento) como la empresa adjudicataria. La realidad es que no pusieron los medios para solucionar la inundación de la mañana o los que pusieron fueron insuficientes. Es curioso, las reinas, que siempre salen en coche a saludar dando una vuelta al ruedo antes de la corrida, lo hicieron a pie. Yo pensé que era porque como había mucha gente en las taquillas querían demorar un poco el inicio del festejo para esperar a que todo el mundo ocupara cómodamente su localidad, pero no. Lo más lógico es que la corrida se hubiera dado por suspendida por la mañana, antes del apartado, porque parecía imposible arreglar el ruedo con la plaza convertida prácticamente en una piscina y con los artilugios del Gran Prix diseminados por el albero. Digo yo, que si se sabía que iba a llover se podía haber previsto con algo menos de improvisación. Creo que resulta demasiado fácil echar la culpa a los toreros -¡que vaya usted a saber dónde andarán!- y no mirar un poco hacia adentro y ver las razones por las que en un día en el que no llovió nadie fue capaz de solucionar el desaguisado de un ruedo hecho un patatal.

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