MANTENER NUESTRAS TRADICIONES

Sanda Sáinz
SANDA SÁINZCervera

Ritos, costumbres y tradiciones, muchas de ellas ancestrales, se han preservado de generación en generación y suponen las señas de identidad de los pueblos y sus gentes. Se repiten cada año, a veces casi por inercia, algunas con mayor seguimiento y otras practicamente desapercibidas.

La evolución de la sociedad y la llegada de la vida moderna, la industrialización en detrimento de la agricultura como motor económico, el auge de las ciudades y el éxodo de los pueblos conllevó la pérdida de algunas tradiciones o que estas quedasen en algo simbólico, apenas relevante. Hay lugares que sufren el problema de la despoblación y otros el desapego de lo religioso. Todo afecta a la pervivencia de las costumbres.

Una de las celebraciones habituales en La Rioja es la de San Antón o San Antonio Abad. El 17 de enero se conmemora el fallecimiento de este santo, patrón de los animales.

Analizando en lo que se ha convertido esta fiesta hoy en día, podemos observar que hay lugares en los que se mantiene la fecha con actos ese día y la víspera. En otros se trasladan al fin de semana. El cambio persigue que tradiciones ahora menores como la de San Antón perduren en el tiempo.

En Calahorra su cofradía anunció hace días los actos que comenzaron ayer con la hoguera y degustación de patatas asadas, vino y otros productos. Hoy continuarán con la misa, procesión y bendición de animales. El buen ambiente del sábado y la presencia de numerosas personas en la bendición del domingo, como se ha visto años atrás, indica que esta fiesta todavía tiene bastante seguimiento. En otros pueblos como Rincón de Soto las hogueras se han convertido en un gran acontecimiento.

En el caso de la cofradía calagurritana de San Antón, se fundó en 1749 así que lleva ni más ni menos que 269 años de recorrido. Tuvo momentos mejores, como otras, y hay que valorar y agradecer a los que luchan porque siga adelante.

Cuando publicó el programa de actividades, esta institución hizo un llamamiento a los ciudadanos para que llevasen hoy sus animales a las puertas de la iglesia de San Andrés para su bendición y para que asistiesen ayer a la hoguera, «evitando con ello que se pierdan tradiciones de nuestra querida ciudad», según indicaban.

Normalmente tendemos a valorar los bienes materiales (esculturas, cuadros, edificios históricos) pero descuidamos otros culturales, religiosos o populares y subestimamos su importancia.

Comenzamos el año con los Reyes Magos, seguimos con San Antón y a la vuelta de la esquina llega San Blas con sus roscos, Jueves Lardero y el carnaval. Todas estas celebraciones son momentos de reunión y disfrute de la sociedad y hoy en día, con tanta tecnología y deshumanización, hace falta este tipo de encuentros entre vecinos.

Hay que revitalizar nuestras costumbres, salir a la calle, hablar junto al fuego de una hoguera y recordar, o descubrir en el caso de los jóvenes, el sabor de una patata asada o de un dulce típico.

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