Latiendo mejor que nunca

Taller de reanimación cardiopulmonar para los familiares. :: i. á./
Taller de reanimación cardiopulmonar para los familiares. :: i. á.

La unidad de rehabilitación cardiaca de Calahorra repone el corazón después de un infarto

I. ÁLVAREZ

Cuando un corazón se para la vida sí puede continuar. Lejos de los mitos que rodean a los supervivientes de un infarto, lo cierto es que las personas con cardiopatía isquémica pueden llevar una vida plena. El mejor ejemplo de ello son el centenar de pacientes que han pasado por la Unidad de Rehabilitación Cardiaca de la Fundación Hospital de Calahorra, que el próximo mes de abril cumplirá dos años de funcionamiento. El programa, pionero en el Sistema Riojano de Salud, derriba de un plumazo falsas creencias como la idea de no poder practicar ejercicio físico después de un infarto.

Francisco Herce, un vecino de la localidad riojabajeña de Quel que acaba de completar con éxito este programa, lo ha comprobado día a día. «Si antes no podía subir ni una escalera, ahora puedo subir hasta un sexto piso tranquilamente», cuenta con satisfacción, antes de despedirse de los profesionales que le han atendido durante las ocho semanas que dura el proceso.

La mejoría en el estado de salud del corazón de Francisco no es el único avance que valora: «Te controlan muy bien y te quitan el miedo a hacer esfuerzos, ya que ahora sabes hasta dónde puedes llegar». En esto coincide también Anastás Dimitrov, un vecino de Arnedo, natural de Bulgaria. «Lo más positivo de todo es que ya no tengo el miedo de después del infarto», dice este paciente, quien se lleva una valiosa lección para el resto de su vida: «Ahora sé que quitándome el tabaco y con las recomendaciones que me han dicho he mejorado mis posibilidades».

Al frente de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital de Calahorra se encuentra un equipo interdisciplinar integrado por cardiólogos, enfermeros, fisioterapeuta, rehabilitador y psicólogo, a los que fuera del hospital se unen los médicos de Atención Primaria. Todos ellos son clave en las sesiones que dos veces a la semana reciben los pacientes para fortalecer su corazón y aprender a vivir sin poner en riesgo este órgano. Pulsómetros, cintas andadoras y bicicletas estáticas son parte de la equipación con la que cuenta la sala del área de Cardiología para realizar los ejercicios adaptados del programa.

Los pacientes comienzan con un calentamiento para seguir con la gimnasia aeróbica, siempre bajo el control de la enfermera que «vigila la tensión y la frecuencia cardiaca», precisa Carmen Ramírez, fisioterapeuta del hospital. La sesión se completa con estiramientos, trabajo de fuerza y unos minutos de relajación.

La satisfacción por los resultados es a partes iguales. Si los pacientes notan enseguida una mejoría, el especialista también constata estos resultados en sus informes. Jose Mª González-Gay, jefe de Cardiología en el hospital, lo corrobora: «A los dos o tres meses les haces una prueba de esfuerzo y ves cómo mejoran». De hecho, «la mayoría dicen que están mejor que antes del infarto y los que están en edad laboral se incorporan al trabajo cuando antes igual tenían que dejar de trabajar», sostiene este cardiólogo. Y a la vez subraya un dato relevante: «Gracias al programa se consigue aumentar en un 25% la supervivencia» de los enfermos.

Antonio Varea, de Aldeanueva de Ebro, es de los pacientes que se acaban de estrenar en la rehabilitación. El sedentarismo (es conductor de autobús) ha sido uno de los factores que desencadenó su enfermedad. «Aún tengo miedo, pero antes no andaba nada y ahora puedo caminar hasta siete kilómetros», comenta confiado en lograr una mejoría.

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