Cuatro familias del casco antiguo han sido desalojadas por el derribo de casas en ruina

Susana Fuertes, delante de su vivienda, en la calle del Olivo, donde el Ayuntamiento está interviniendo de urgencia./Isabel Álvarez
Susana Fuertes, delante de su vivienda, en la calle del Olivo, donde el Ayuntamiento está interviniendo de urgencia. / Isabel Álvarez

Susana Fuertes, una de las afectadas en la calle del Olivo, relata «los complicados» días que está viviendo fuera de su hogar

Isabel Álvarez
ISABEL ÁLVAREZCalahorra

Cuatro familias del casco antiguo calagurritano viven a raíz de la nevada de principios de este mes fuera de sus hogares. Susana Fuertes es, junto a su marido y su hijo, una de las personas que en los últimos días ha tenido que abandonar temporalmente su casa ante el inminente riesgo de derrumbe de la vivienda deshabitada que existe frente a la suya.

Susana vive en la calle del Olivo, donde la semana pasada tuvieron que ser desalojadas de sus viviendas sendas familias, sin saber aún cuando podrá regresar de nuevo. «Eran las diez de la noche. Estábamos a punto de cerrar la tienda (un establecimiento de comestibles en la calle Doctor Fleming) cuando llegó la Policía y nos dijo que nos iban a precintar la casa por seguridad, porque la casa que está frente a la nuestra podía caerse», relata.

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Sin apenas darle tiempo a digerir la noticia entró a su casa para recoger algunos enseres y un poco ropa con los que sobrellevar una situación que en un principio me dijeron que «se alargaría dos o tres días», sostiene. Mientras tanto, su familia se acomodó en su establecimiento hasta que, preocupados por el paso de los días y «sin más información» -dice-, acudieron al Ayuntamiento. «En Urbanismo me explicaron que iban a derribar la casa que estaba en mal estado y me derivaron a Servicios Sociales para que me buscasen un alojamiento durante el tiempo que durasen las obras», explica esta vecina del casco antiguo.

El socabón de la plaza de la Verdura sigue creciendo.
El socabón de la plaza de la Verdura sigue creciendo. / Isabel Álvarez

Carente del apoyo de familiares cercanos y con un hijo menor de edad, estos días están resultando «muy complicados». El Ayuntamiento ha realojado a la familia en el albergue de peregrinos y, aunque se muestra «muy agradecida» por ello, asegura que «no es lo mismo que estar en casa». De las otras tres familias desalojadas, una ha preferido trasladarse a casa de familiares, otra se encuentra en un hotel y la tercera en un piso alquilado por el Ayuntamiento.

«Nos dijeron que nos daban 400 euros para el alquiler de un piso, pero el problema es que nadie te quiere alquilar para solo uno o dos meses», comenta Susana, quien esta semana tiene que ingeniárselas para realizar tareas cotidianas como hacer la colada. «Como pensábamos que sólo íbamos a estar fuera unos días, nos llevamos muy poca ropa y ahora, sin lavadora...», lamenta.

En el número 20 de la calle Portillo de la Plaza, el Ayuntamiento acaba de derribar otro edificio en ruinas situado en la misma manzana en la que se encuentra el inmueble en estado crítico de la calle del Olivo. Según fuentes consultadas en el Consistorio, fue un vecino de la zona quien la semana pasaba dio el aviso del peligro de desprendimientos en la vivienda de la calle del Olivo, que se demolerá una vez finalicen los trabajos de derribo en Portillo de la Plaza.

OTra de las viviendas precintada en la calle del Olivo.
OTra de las viviendas precintada en la calle del Olivo. / Isabel Álvarez

Evaluado el riesgo, el Ayuntamiento decidió intervenir con un procedimiento de emergencia. Lo mismo sucedió en la calle Mayor después de la nevada del pasado 6 de enero. El número 27 de esta vía sufrió importantes desprendimientos, ante lo cual fueron desalojados los vecinos de los edificios situados en los números 25 y 29.

Desgraciadamente, estas escenas no son nuevas en la zona histórica de Calahorra, donde la integridad de viviendas en buenas condiciones se pone en peligro por el mal estado de construcciones aledañas.

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