«En el casco antiguo hay problemas que llevan más de veinte años sin resolverse»

Antonio Jiménez, en el centro, junto a Sergio y Mikel, de la comunidad gitana de Calahorra, en el Planillo de San Andrés. :: /Isabel Álvarez
Antonio Jiménez, en el centro, junto a Sergio y Mikel, de la comunidad gitana de Calahorra, en el Planillo de San Andrés. :: / Isabel Álvarez

En los últimos años, la zona histórica de Calahorra se ha convertido una comunidad multicultural | «Lo no puede ser es que haya una casa declarada en ruinas hace cinco años y que se caiga porque no se ha hecho nada»

Isabel Álvarez
ISABEL ÁLVAREZCalahorra

Poco o muy poco tiene que ver el casco antiguo de Calahorra en el que se crió Antonio Jiménez con el de ahora. «Nací en la calle Villodas y me da pena ver cómo está y en el vertedero en el que se ha convertido», lamenta el delegado en Calahorra de la Asociación de Promoción Gitana de La Rioja que, según sus datos, 700 de los 800 gitanos que residen en Calahorra lo hacen en la zona histórica. «La mayoría de ellos pertenecen a familias que llevan varias generaciones aquí», precisa Antonio.

El deterioro que ha ido haciendo mella en una parte del casco antiguo ha venido acompañado de un éxodo de población a las nuevas zonas urbanas de Calahorra. «Hace años estábamos los 'payos' que decimos nosotros, los gitanos autóctonos y muchos ciudadanos vascos», relata el representante en Calahorra de la población gitana.

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Era la época en la que numerosos vecinos del País Vasco establecieron su segunda residencia en el casco antiguo calagurritano. Los años en los que los más jóvenes se deslizaban por los toboganes, ahora inutilizados, de la plaza de la Verdura. Los años en los que las calles Grande, Mártires y la plaza del Raso estaban llenas de comercios. «Ahora somos una comunidad multicultural, con la llegada de árabes y latinoamericanos», describe Antonio al tiempo que demanda iniciativas para la integración de todas estas culturas.

El pasado miércoles Antonio acudió a una de las reuniones que la Asociación de Vecinos del Casco Antiguo de Calahorra celebra semanalmente en su sede del Planillo de San Andrés. Allí se pusieron sobre la mesa muchos problemas que llevan «más de 20 años sin resolverse».

Antonio Jiménez señala especialmente la «poca presencia policial» en las calles del barrio y el estado de aquellas viviendas que se encuentran deshabitadas. «Hay que ser estrictos con esos edificios, porque lo no puede ser es que haya una casa declarada en ruinas hace cinco años y que se caiga porque no se ha hecho nada», comenta en relación al derrumbe el pasado verano de un inmueble en la calle San Andrés.

Antonio reclama, de otro lado, requisitos «más flexibles» en las ayudas a la rehabilitación de viviendas: «Primero tienes que poner el dinero de tu bolsillo y dime tú cómo lo puede hacer una persona que cobra 400 euros por el Ingreso Mínimo de Inserción».

La limpieza suele ser otro de los temas recurrentes entre las quejas de los vecinos del casco antiguo. El presidente de la asociación del barrio, Gabriel Aragón, lo ejemplifica a través del personal que el servicio de limpieza destina a la zona. «De siete barrenderos que hay en Calahorra sólo uno pasa por el casco antiguo», critica.

Él, al igual que Antonio, considera que hay que actuar antes de que sea tarde en el caso de las viviendas y calles en mal estado, como ha ocurrido con la plaza de la Verdura. Pero para ello pide «un plan integral para el casco antiguo», que vaya marcando actuaciones por «zonas». «Una de las más urgentes es todo el entorno de la Cuesta de la Curruca», sostiene para aclarar a continuación que «no todas las calles están así».

Mohammed Mobssit, presidente de varias asociaciones magrebíes de Calahorra, recorre a menudo el barrio con Eva María Laguna, otra vecina del casco antiguo colaboradora con varias entidades de carácter social. «Las casas de la mayoría de los inmigrantes no están en buenas condiciones para vivir», sentencia Mohammed. Eva corrobora esta apreciación: «Hay vecinos que me han comentado que tiemblan cada vez que llueve fuerte o graniza por si se producen desprendimientos».

Mohammed apunta también a la necesidad de trabajar la integración con programas dirigidos especialmente a «los niños y a las mujeres» árabes. En este sentido, propone celebrar una fiesta intercultural en el casco antiguo, mantener una contacto continuo con la Policía Local y la Guardia Civil o llevar a cabo iniciativas destinadas al conocimiento de la ciudad. Y es que, «hay árabes que sólo conocen la plaza del Raso y la estación de autobuses», afirma este representante del colectivo.

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