La Rioja

NACE UNA NUEVA ETAPA

Juan José Padilla Cortó una oreja. :: javier bobadilla
Juan José Padilla Cortó una oreja. :: javier bobadilla

Dos horas y veinte minutos exactamente después de que el presidente del festejo sacara su pañuelo para que comenzara la última de las dos corridas de esta esperanzadora Feria de Calahorra, vimos el primer natural. Dos horas y veinte minutos es mucho o poco, según se mire, pero a Víctor Barrio, autor de tal lance y varios otros después de buena enjundia, debió de parecerle poco porque cuando no se torea mucho da la sensación de que los toreros se fraguan de otra manera, con especial asiento. Ya lo decía Antoñete, en el banquillo uno se pudre o se curte, y tengo la sensación de que Barrio es de los que se está curtiendo en la búsqueda de su propia personalidad para hacerse torero, disfrutar de la profesión y tratar de labrarse un porvenir, cosa harto improbable por la dificultad que entraña, pero sólo al alcance de los que son capaces de aguantar, de macerar y después, de torear.

El joven torero emergió poderosamente en una tarde que se adivinaba plana. Padilla hace siempre la misma faena, sea como sea el toro, e Iván Fandiño es un torero irreconocible. Da la sensación de que al matador vasco la temporada se le está haciendo interminable, como si le pesara el fracaso de la encerrona de Madrid de marzo como una losa de granito. Falta esa frescura que le ha distinguido, ese coraje suyo tan personal de su toreo recio y macho. Por eso, verle ante los astados de ayer ¬¬-nobles, dóciles y manejables- perderse en probaturas, en faenas sin estructura y con cabezazo incluido en el lomo del toro da una buena idea de lo poco que se parece este Iván al que se comió el mundo hace unas semanas en un glorioso mano a mano con Ponce en Mont de Marsan donde las crónicas decían que el león vasco volvió a rugir. Ayer no hubo tal cosa, a pesar de la conversación matador-apoderado con la que aliña todas y cada una de sus faenas.

Víctor Barrio obtuvo dos orejas en la primera de sus faenas, pero fue en la del sexto, un torete deslavado y anovillado, donde logró los mejores instantes de la tarde. Además del precitado natural hubo otra tanda por ese lado de buen trazo, honda armonía y temple. No duró mucho pero sí lo suficiente para reencontrarnos un momento con el toreo.

La nueva empresa de Calahorra ha echado el resto en esta feria y ayer el público respondió a pesar de ser lunes. Hubo regalos de entradas a los niños y el año que viene se debe aprovechar el fin de semana y el buen trabajo de Alberto García florecerá. Calahorra merece mucho más y creo que el nuevo concejal de festejos es consciente de que para mejorar hay que cambiar.