«Recibir a los refugiados nos haría mejores»

Carmen Calvo comparte su experiencia con los refugiados. :: E.P./
Carmen Calvo comparte su experiencia con los refugiados. :: E.P.

La arnedana Carmen Calvo muestra en una exposición la realidad del campo de refugiados de Ritsona en Grecia

E. PASCUAL

Ni una imagen ni mil palabras pueden transmitir el drama de los refugiados que huyen de la guerra, de la muerte hacia una Europa que no logra entender cómo recibirlos, cómo ayudar a darles un futuro. Pero las imágenes, el relato y la emoción de la arnedana Carmen Calvo invitan durante estas fechas a acercarse a esa realidad injusta y cercana.

Con el sencillo título 'La realidad de los refugiados', expone hasta el 8 de junio en el centro cultural Fundación Caja Rioja-Bankia de Arnedo una selección de las 4.000 fotografías que tomó durante su colaboración con los refugiados que llegan a Grecia. «Mi objetivo es mostrar cómo viven realmente unas personas que están olvidadas», invita.

Estudiante de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos, le surgió la oportunidad de realizar con el apoyo de una beca su proyecto fin de carrera en un país en desarrollo. Esta inquieta joven optó por la Asociación Amigos de Ritsona, que trabaja en ayudar a los refugiados que sobreviven en ese campo de refugiados y en Atenas.

«Nos queda claro que vamos a ayudar en lo que podamos, según lo que ellos necesitan»

Desde finales de septiembre a mediados de diciembre, Calvo se encontró una realidad «muy dura». Y a pesar de que el de Ritsona es uno de los campos en mejores condiciones. Diferente es el día a día de los refugiados que vagabundean por las calles de Atenas. Sin techo.

Tras su experiencia lamenta la falta de labor de las grandes organizaciones, que deja en manos de asociaciones pequeñas y voluntarias atender el día a día. «Te caen muchos problemas de los que no tendrías que hacerte cargo. Y faltan voluntarios, pues te encuentras almacenes a los que llega mucha ayuda pero no hay quien pueda organizarla», describe como retos pendientes.

El lenguaje es una barrera para buscar una solución a este drama. Otro problema que encontró es el choque cultural entre Occidente y los países árabes. A Carmen se le traba la garganta cuando recuerda un episodio de violencia machista en el que apenas pudo intervenir. «Nos queda claro que vamos a ayudar en lo que podamos, pero no desde nuestras ideas de europeos, sino según lo que ellos necesitan», expone.

Carmen compartió día a día con los refugiados. A pesar de la crudeza de ese día a día, sonríe al contar historias de los «muchos amigos» que ha hecho. «Independientemente de ese choque cultural que no voy a poder entender, he aprendido que son personas increíbles que lo único que hacen es huir de las bombas, pero a las que tratamos como animales. Seguro que algún refugiado se aprovecha, pero la mayoría lo único que busca es comer, paz y un futuro, algo que sus países no les dan. Se merecen un apoyo que no les damos. Si les tuviésemos aquí, nos harían mejores personas», reflexiona.

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