La Rioja

Los toros de Victorino impusieron su ley

Paco Ureña lancea en redondo al victorino. :: sonia tercero
Paco Ureña lancea en redondo al victorino. :: sonia tercero
  • Solitaria oreja de Varea en una tarde con mucho público en el Arnedo Arena

El ruedo de Arnedo quemó ayer como nunca. Seis victorinos de postín en los corrales y embistiendo casi todos a la excesiva frugalidad de las telas de los tres diestros, que cada uno a su manera, y cada cual con sus posibilidades, anduvieron por debajo del más que interesante envío del ganadero de Galapagar. Hubo toros de toda condición (cuatro de ellos cinqueños), aunque sobresalieron dos ejemplares: el exigente sexto (que se tragó un primer puyazo de plaza de primera) y que se comía literalmente la muleta de Varea; y el nobilísimo segundo, un albaserrada de una clase extraordinaria, especialmente por el pitón izquierdo, aunque con ese punto de mansedumbre ideal para abrirse en los vuelos de Paco Ureña, que estableció con él un diálogo sincopado y planteó una faena sin una estructura precisa. Comenzó con la mano derecha obligando en exceso al mansito, que amagó varias veces con irse a las tablas, y luego se gustó con la izquierda corriendo la mano a media altura con algún notable natural pero sin extraer la profundidad final a un toro que colocaba la cara una y otra vez con singular nobleza y con mucho recorrido. Le costó cuadrar al animal en la cercanía de los chiqueros y se lo llevó a los medios, donde pinchó en la suerte de recibir tras escuchar el primer aviso. Le cayó otro más y fue ovacionado tras una obra sin demasiados perfiles.

El toro de la corrida fue el sexto, serio, largo, asaltillado y un punto veleto de cuerna. Varea se peleó con el capote de salida pero cerró la tanda con una excelente media verónica, tan buena quizás como la que ensayó en el quite por delantales tras una suerte de varas con un primer puyazo de notable exigencia. El victorino fue remolón al segundo encuentro y el banderillero Raúl Martí se desmonteró tras un gran par, pleno de riesgo y emoción. El toro tenía carbón en los pies y pedía una muleta dominadora y firme que se encontró a medias. Máxima voluntad del joven espada que se tragó una colada por el pitón derecho fruto del poco mando que imprimió a un toro que se desplazaba pero que no era nada fácil. Estuvo muy afanoso el diestro y la mayor virtud de su obra fue la medida de la faena: intensa y corta. Se tiró a matar como un titán y cobró una estocada baja pero fulminante. La oreja tuvo el mérito de la voluntad y de la entrega. Era su primera corrida con toros de este hierro y eso se paga.

Lo mejor de un Curro Díaz muy espeso toda la tarde fue la gran estocada al cuarto, un astado que desmereció en su trapío y juego el notable nivel ganadero de la corrida. El diestro de Linares no estuvo fino con el primero, otro buen ejemplar que humillaba mucho pero que se quedaba corto, hacía hilo y con el que Díaz nunca dio con la tecla para tirar de él y quedarse en el sitio. La descomunal muleta de Díaz no logró acoplarse con ninguno de sus dos oponentes y pasó con más pena que gloria en su presentación arnedana.

Un toro raro fue el quinto, quizás el de más volumen de la corrida. Ureña pasó sus apuros con el capote porque tras lancearlo a la verónica y sacárselo a los medios comenzó a apretar y le costó un mundo deshacerse de él. Empezó la faena embistiendo a lo bruto por el pitón derecho, con la cara alta y sin rebosarse nunca. Pero por esas cosas raras que tiene el destino y la genética taurina, cuando la faena se deshilachaba en las redes de la monotonía, comenzó a descolgar por el pitón izquierdo y Ureña le sacó varios naturales de nota. Fueron sueltos y salpicados entre ellos, pero ahí quedaron para el que los quiso o los supo ver.

Al doblar el sexto y con los matadores en el callejón, tras la vuelta al ruedo con la única oreja del festejo paseada por Varea, se presentó en Arnedo el becerrista de Calahorra Alberto Donaire. Lidió una vaquita colorada con capote y muleta y levantó los olés unánimes del numeroso público que se dio cita ayer en el Arnedo Arena, que vivió una interesante tarde de toros merced al juego de los victorinos y las ansias de triunfo de Varea.

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