La Rioja
Los agentes de la Policía Local, en la noche de ayer ante la casa que sufrió el incendio. ::
Los agentes de la Policía Local, en la noche de ayer ante la casa que sufrió el incendio. :: / Ernesto Pascual

Unas manos salvadoras entre el humo

  • Agentes de la Policía Local y Guardia Civil de Arnedo rescatan del fuego al ocupante de una casa abandonada

«En ese momento no piensas si hay fuego o un exceso de humo. En ese momento sólo intentas ayudar dentro de nuestras posibilidades». Eran las sensaciones que recorrían en la noche de este lunes los cuerpos de dos agentes de la Policía Local de Arnedo y de la Guardia Civil cuando lograban romper la puerta y accedían a una casa abandonada en la calle San Miguel que sufría un incendio. Dentro, y de manera irregular, vivía una persona.

Cuando llegaron al lugar, en el casco antiguo arnedano, unos jóvenes que esperaban en la zona les advirtieron de esa situación de peligro inminente. Su rápida y valerosa actuación evitó que la noticia fuera otra, que los medios recogiésemos que una persona más ha fallecido este invierno por inhalación de humo tras un incendio. La intervención conjunta, como un equipo, de policías locales y guardias civiles permitió que el varón fuera salvado cuando ya se encontraba inconsciente, cuando el humo alcanzaba la altura de las rodillas. Finalmente, fue trasladado a la Fundación Hospital de Calahorra.

«Por lo que nos contaron bomberos y sanitarios, si no intervenimos, la situación hubiera sido otra», asiente satisfecho Javier García Tomey, uno de los agentes de la Policía Local protagonistas de la intervención, junto a Diego Rubio Fernández y dos compañeros de la Guardia Civil.

El turno de noche es impredecible. Mientras que el de día deja indicaciones sobre el tráfico a dirigir frente a un colegio o dar seguimiento a una obra, en la noche no hay nada encomendado. El objetivo es prevenir e intentar que sea una noche tranquila, sin alteraciones. «Por la noche, todo es preventivo, damos vueltas e intentamos que todo esté dentro de lo normal», describe.

Suma de ayudas

Alrededor de la 1 de la madrugada, la de este lunes dejó de ser una noche normal. Un particular comunicó al SOS Rioja el incendio en la primera planta de una casa abandonada en la calle San Miguel. El ocupante de la misma tuvo suerte de que alguien pasara por el lugar y se percatara del humo para dar aviso. Tras la llamada, SOS Rioja movilizó recursos del Servicio Riojano de Salud y Bomberos del CEIS, alertando a Guardia Civil y Policía Local.

Javier García y Diego Rubio fueron los primeros en llegar. No lograban tirar la puerta. La pronta llegada de la patrulla de la Guardia Civil lo hizo posible. La derribaron a patadas. Y entraron. «No piensas si te pasará algo. Es algo que nos ocurre constantemente, como cuando te involucras en una pelea. Lo piensas después y te haces preguntas después. pero estoy aquí porque es lo que me gusta y el momento te lo pide», explica García.

Y los cuatro agentes entraron en la casa abandonada. No había nadie en el piso de abajo. Subieron prestos al piso superior y se encontraron con la muralla de humo. Retrocedieron, Javier buscó un extintor y volvieron a subir al primer piso, más calmados, agachados para evitar el humo, con las ideas más claras. Pero sin los medios suficientes, poniendo en riesgo su propia integridad por salvar a la persona que se encontraba inconsciente. «Si el fuego nos supera, nos quedamos fuera», iba pensando Javier.

El fuego había alcanzado unos plásticos en una de las habitaciones y el humo era denso. Vieron al ocupante de la vivienda. Uno de los agentes de la Guardia Civil lo tomó de las manos. Lo cargaron hasta la calle. Allí, lo trataron los sanitarios mientras actuaban los bomberos.

En la noche de ayer, con la satisfacción del deber y el servicio cumplidos, Javier y Diego volvían al turno de noche. Reconocían el trabajo en equipo y el apoyo que Policía Local y Guardia Civil se prestan cada día, cada noche, en servicios conjuntos. «No queremos medallas, pero nuestro trabajo además de poner denuncias también es ayudar a la gente», sonreían.

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