La Rioja

Lo que pudo ser y no fue

El novillero Alejandro Marcos, en un derechazo al primero de su lote, 'Asustado'. :: justo rodríguez
El novillero Alejandro Marcos, en un derechazo al primero de su lote, 'Asustado'. :: justo rodríguez
  • El novillo que cerró plaza era un torrente de embestidas claras y cristalinas transmitiendo emoción al tendido

  • Los novillos corridos en segundo, cuarto y sexto lugar fueron de orejas

Lo que pudo ser y no fue. La corrida de Guadalmena empezó con cierta decepción. Decir en primer lugar que a ninguno le sobraron las fuerzas. El primero metió la cabeza en capotes y en banderillas fue pronto, pero en la muleta del navarro-riojano tuvo una pelea desigual. No humillaba pero acudía con prontitud a la muleta y fue a menos hasta finalizar parado. El segundo con buen son en el capote de Alejandro Marcos. Fue pronto en banderillas y tuvo embestida repetidora encastada. El tercero fue más que manejable en la muleta de Juan de Castilla que no terminó de entenderlo. El cuarto, mansito en varas, desentendiéndose en banderillas, en los capotes de los subalternos y en el tercio final. Una especie de 'desastre' sin ventanas a la calle. El quinto, muy bien fijado por Alejandro Marcos, había salido muy corretón, juego irregular en el segundo tercio donde se lesionó la mano izquierda, pero el novillo, a pesar de la grave lesión embestía con fijeza y nobleza, incluso se desplazaba, fue una lástima. El que cerró plaza fue uno de esos novillos que quería comerse la muleta y se desplazaba más allá de lo que le mandaba el torero. Transmitía sus embestidas y también fue una lástima que el torero no tuviera la visión real de lo que tenía enfrente. Después del paseíllo se ovacionó con fuerza al ganador del Zapato de Oro de 2015 que saludó montera en mano. Javier Marín estuvo bien con el capote. Recibió al morlaco con tres faroles seguidos con ambas rodillas en tierra, hizo el quite correspondiente capote a la espalda, brindando la muerte del novillo a Diego Urdiales. Variado con la muleta consiguió muletazos buenos por los dos pitones hasta que el novillo fue apagándose. Me gustó. Su segundo enemigo no tuvo fijeza en ninguno de los tres tercios, lo que se dice un novillo deslucido, que lo fue, yéndose de los engaños en los tres tercios.

Lo más torero

Alejandro Marcos hizo, sin duda, lo más torero de la tarde. Hubiera cortado al menos una oreja, posiblemente las dos, si mata a la primera, pero se le negó la suerte suprema. Tres pinchazos y tres descabellos. Fue una lástima. El quinto fue otra pequeña desgracia para el salmantino al lesionarse el remo izquierdo delantero. El novillo tenía buena condición, lo demostró a lo largo de la faena, tomando al toro en corto, le enjaretó series por los dos pitones enjundiosas y con verdadero gusto, los cuatro pinchazos antes de la estocada desarmaron su faena. Fue una lástima de toro, y mayor lástima que el torero se quedara con el pasodoble del Zapato de Oro, tocado muy bien por la Banda de Música en el primero de su lote.

La carencia de fuerzas del tercero de la tarde se manifestó en el encuentro con el caballo, perdiendo la verticalidad, luego no fue malo en el tercio de la muleta, pero creo que el chico no terminó de entenderlo. De su faena destacó una tanda de naturales ligados. El que cerró plaza fue un novillo con transmisión y embestida franca, de los que levantan a la gente de sus asientos. El novillo 'Aguaclara' era cristalino como agua de manantial. Acudía de largo, se desplazaba más allá de lo que pretendía el torero, repetía con garra y casta. No supo o no pudo sacarle ni la mitad de lo que llevaba dentro. Lástima.