La Rioja

Mal de altura en el palco

Público de ayer en el Arnedo Arena. :: justo rodríguez
Público de ayer en el Arnedo Arena. :: justo rodríguez
  • Arza concede una vuelta al ruedo a un novillo manso

Siempre he pensado que en el Arnedo Arena el palco presidencial está muy alto y que desde allí no se divisa nada o casi nada. Y que merced a esas alturas, las faenas se distorsionan -como que se ven borrosas- y que lo que parecen gigantes son molinos y los molinos, rara vez son gigantes, aunque lo parezcan. Por eso me imagino que ayer a Salvador Arza la altura lo confundió y la mansa nobleza de 'Pardillo' le debió de parecer encastada bravura y emocionante codicia. Así que por eso, por el mal de altura, Salvador sacó el pañuelo azul y le regaló a 'Fuente Ymbro' una vuelta al ruedo tan asombrosa como injusta que sólo él, allí instalado en la lejanía del palco, entendió justificada. No encuentro otra explicación plausible, más que nada porque yo estoy en el callejón, a ras de albero, y comprobé una y otra vez cómo el novillo 'Pardillo' iba a la muleta como su bien puesto nombre le dictaba y los ademanes ciertos con los que se quería escapar de ella camino a la querencia una y otra vez. Tampoco vi en el caballo una brava pelea, ni una salida fulgurante del chiquero que se hiciera acreedora a tan alta gloria dispensada desde el cielo presidencial. La plaza se quedó atónita con la decisión de Arza y le premió con na una bronca que arreció al finalizar un festejo primaveral que nos sacó del triste invierno del Hoyo de la Gitana. Quizás fue por comparación con lo del primer día, pero es incomprensible un premio así a un toro manso mientras se ejerce con especial racanería con los novilleros. Alejandro Gardel rozó la segunda oreja, quizás hubiera sido excesivo premio, pero si se pone en una balanza con la vuelta al novillo, es especialmente injusto no haberle concedido el segundo trofeo a un chaval que hacía ayer su tercer paseíllo con los del castoreño.

La novillada de Fuente Ymbro fue mansa para no desdecir la infausta temporada de los pupilos de Ricardo Gallardo, desigual de hechuras y con una preocupante falta de empuje en todos los tercios. Las hechuras tampoco enamoraron y se vieron demasiadas caritas de abecerradas hechuras, como si el ganadero gaditano hubiera ido recogiendo los bureles sobrantes en distintos cercados de los muchos que tiene en su inmensa factoría vacuna de San José del Valle.