La Rioja

Alejandro Gardel corta la primera oreja del Zapato de Oro

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/ Justo Rodriguez

  • El presidente de la corrida otorga una inmerecida vuelta al ruedo a un noble y manso novillo de Fuente Ymbro

Salvador Arza acumula presidencias, la de la Federación Taurina Riojana y la del coqueto Arnedo Arena, donde lleva unos años haciendo de las suyas, como en en el segundo festejo del Zapato de Oro, en el que sacó de la chistera (es un decir) una vuelta al ruedo zangolotina al toro 'Pardillo', el tercero de la tarde, un 'fuenteymbro' mansito, con alma de carretón y que salía con la carita suelta de la vivaracha muleta de Alejandro Gardel, que vio primero cómo le negó la segunda oreja y después la forma en la que Salvador Arza asomó el pañuelo azul con el que se dictaba la vuelta póstuma para el utrero. Increíble. La faena no fue de dos orejas, de acuerdo; pero tan alto premio para el novillo sonó a castigo severísimo para un jovencísimo espada que se colocó para torear, que se puso derecho y vertical y que se la jugó con la espada. Vuelta al ruedo zangolotina, como escribía Rafael Florez, "de niño melindrero o melindre, caprichoso y delicado en el comer, pasa a muchacho zangolotino". Y así fue el toro, un animal zangolotino, una especie de mozalbete que se ha desarrollado físicamente pero con alma de recental. El público le dedicó a Arza una sonora pitada tras la vuelta y otra más contundente al finalizar la corrida.

La novillada de Fuente Ymbro parecía traer el sol en sus pitones tras la negra oscuridad del Hoyo de la Gitana de la apertura del ciclo. Sólo el recibo de Pablo Aguado con el capote al primero tuvo más peso específico que toda la tarde inaugural. Y Aguado estuvo firme y entregado toda la tarde. El toro de la apertura tuvo guasa y fue exigente por el pitón izquierdo, con el que se metía siempre por dentro, y el novillero sevillano tiró de oficio y valor para apostar por la colcación y el toreo con los vuelos. La faena fue un toma y daca y como falló con el descabello tras tirarse a matar muy de verdad, la cosa se quedó en una tibia ovación de unos pocos. El segundo de su lote fue el novillo de mejores hechuras y mayor seriedad de la corrida. Colocaba la cara para embestir, pero se rajó demasiado pronto y la faena acabó rápidamente en las tablas, terrenos en los que realizó un esfuerzo sordo, muy colocado y con algún natural de gran mérito.

Rafael Serna se las vio en primer lugar con un toro mal construido pero de pelaje precioso: chorreado en verdudo y acaramelado de cuerna. Al toro le faltó clase pero Serna estuvo firme y decidido con él en una faena con una serie al natural de honda expresión. Lo buscó siempre por abajo pero el animal echó demasiado pronto la persiana. Aún así, dejó muy buena impresión y dio una merecida vuelta al ruedo. También estuvo muy sincero en el segundo de su lote, pero el toro careció de alma y el joven diestro de Sevilla no pudo sacar nada limpio ante la falta absoluta de raza de un animal que acabó lesionado de la mano derecha.

El toro 'Pardillo' fue el de más clase de la corrida, aunque su embestida rayó por momentos una mansedumbre que le hacía salirse suelto del vuelo de la muleta. Un noble mansito con ritmo que aprovechó muy bien Alejandro Gardel, un torero muy nuevo -era su tercer paseíllo con los del castoreño- que se colocó sinceramente por derecho para manejar los trastos con suma facilidad. La faena tuvo ritmo y temple pero le faltó cierta hondura. Gardel gozó una barbaridad en la cara del novillo y lo quiso hacer todo con naturalidad y un empaque que por momentos me recordó en las formas a Talavante, con esa displicencia que atesoran los toreros buenos en sus muñecas. Estocada y oreja con petición de la segunda y vuelta al manso zangolotino de Ricardo Gallardo, que por fas o por nefás anda siempre con la fortuna de cara a pesar del mal juego general de sus novillos.

El sexto perdió varias veces las manos y no tenía demasiadas fuerzas. La nobleza le sobrababa y Gardel intentó todo para el triunfo, pero con un animal así es imposible sacar nada en limpio.