Una vida llena de huellas

Esperanza Vitales. :: /L.R.
Esperanza Vitales. :: / L.R.

Alfaro asiste a la biografía de la hermana Esperanza Vitales

Ernesto Pascual
ERNESTO PASCUALAlfaro

El 5 de mayo de 1963, la madre Esperanza Vitales Otín llegaba a Alfaro junto a otras hermanas de las Misioneras de Nuestra Señora del Pilar, congregación que había fundado en Lanaja (Huesca) el 29 de octubre de 1939. Su misión, atender a los más necesitados y contar la familia como núcleo principal. Era la primera huella que la comunidad imprimía en Alfaro, donde cumple 54 años asentada y con labores fundamentales en lo educativo, pastoral o asistencial.

Nacida el 18 de diciembre de 1911 en Lanaja, Esperanza Vitales acudía a Alfaro ante la demanda del sacerdote de la parroquia de San Miguel, Santiago Hernando de Pablo. Este solicitó su ayuda para atender las necesidades sociales y evangélicas en la localidad.

Más

Es uno de los capítulos de la vida de la fundadora de las misioneras del Pilar, una biografía que ha compilado y puesto en papel el profesor, sacerdote y escritor José María Nasarre López. También delegado de Patrimonio de la Diócesis de Huesca, presenta la obra esta tarde noche en Alfaro, a las 20.30 horas en el Palacio Abacial.

En su charla recorrerá la vida de Esperanza Vitales, desde su temprana vocación religiosa y, tras el trauma que supuso la Guerra Civil, su misión de fundar una congregación misionera y mariana. Hoy, las hermanas del Pilar cuentan con comunidades en Chile, Honduras, Perú, India y España. Con menor presencia hoy que en lustros pasados, en nuestro país están en Toledo, Madrid, Zaragoza, su Huesca natal y en las localidades riojanas de Baños de Río Tobía, Nalda y Alfaro.

Los primeros años en Alfaro transcurrieron en la vieja casa en la calle Esperanza, que hasta entonces había sido el colegio nacional de chicos. Velaban a enfermos día y noche, visitaban a los pobres, impartían talleres de cultura general y corte y confección, abrieron la primera guardería en la localidad y promovían excursiones.

Cuando el 29 de septiembre de 1970 las Carmelitas de la Caridad marchaban de la localidad, el obispo Abilio del Campo intercedía para que ofrecieran enseñanza a las 350 alumnas del colegio de Santiago y Santa Isabel. Aquí han seguido dejando huella desde 1986 a varias generaciones de alfareños junto a los hermanos de La Salle.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos