Las observadas observadoras

Los 3.000 metros cuadrados de la colegiata de San Miguel de Alfaro acogen un centenar de nidos. :: E.P./
Los 3.000 metros cuadrados de la colegiata de San Miguel de Alfaro acogen un centenar de nidos. :: E.P.

Un centenar de nidos forman en la colegiata de Alfaro la mayor colonia de cigüeña blanca en un edificio de Europa | Pasado San Blas, las parejas afrontan la reproducción y en marzo comienzan a poner los huevos

ERNESTO PASCUAL

El cierzo se cuela fuerte y frío entre sus torres, recorre la angosta calle Toril y choca contra sus paredes levantadas con miles de ladrillos hace más de cuatro siglos. Espanta a los alfareños que atraviesan a paso vivo la plaza de España. Pero parece no aterir a las principales vecinas de los 3.000 metros cuadrados que cubren la colegiata de San Miguel.

Impasibles, azotado su plumaje por el fuerte viento de febrero, decenas de parejas de cigüeñas comparten horas y horas de nido. De cortejo bajo la banda sonora del crocoteo que retumba por toda la plaza.

Desde que marcharan a finales de agosto, han pasado semanas de vacaciones por separado. De descanso conyugal. Tras el reencuentro en el mismo nido, están ahora en su época fértil. «El instinto territorial y de reproducción les trae al mismo nido -explica Camino de la Torre, que pasa horas observándolas desde la Oficina Municipal de Turismo, frente al monumento nacional alfareño y desde el aprendizaje compartido con técnicos de la Dirección General de Medio Natural del Gobierno de La Rioja-. Ese instinto fortalece su imagen vinculada a la maternidad».

Un centenar de nidos conforman la vecindad de San Miguel, la mayor colonia de cigüeña blanca urbana sobre un edificio de Europa -alrededor de otros 200 se cuentan por otros edificios y términos de la localidad-. Todos ellos quedaron vacíos a finales de agosto y principios de septiembre. Toda la colonia viajó. Unos, a tierras africanas, sobre todo los cigoñinos nacidos en ese año, que se enfrentan a su viaje iniciático, que durará tres años al otro lado del mar.

Según los datos, la mitad de las 33.000 parejas de zancudas censadas en España viaja al África Transahariana. La otra mitad, sobre todo las más adultas y con menos energías, vagabundea por nuestro país, motivadas por la facilidad para encontrar comida. «Pululan por Doñana, Extremadura... sin construir nidos. Si vemos cigüeñas en noviembre en Alfaro, lo normal es que no sean las propietarias del nido que ocupan, sino que son grupos fortuitos, de paso», explica Camino.

Con el nuevo año, a lo largo de enero, el primero en llegar es el macho. Recupera su nido del año anterior, ablanda su manto, tapa el drenaje... Son perfectos arquitectos de estas enrevesadas estructuras. Por San Blas ya llega la hembra. Se da el reencuentro en esta especie monógama. «Es probable que hayan vacacionado en lugares distintos», sonríe Camino.

Su presencia ya despierta, cumpliendo el refranero, las miradas alfareñas hacia ellas. La localidad les dedica unas jornadas gastronómicas por San Blas, comienzan las visitas guiadas para observarlas desde el mirador, desde la reserva natural de los Sotos del Ebro... Son uno de los emblemas turísticos de la ciudad. Y ellas, como ave sociable que son, no se inmutan. Se dejan observar y fotografíar. Y ellas también observan desde la altura el día a día de los alfareños y sus visitantes.

Un kilo de carne al día

Tras el reencuentro, la pareja afronta la época de fertilidad compartiendo muchas horas de nido. De crotorar. «La esencia del nido es la reproducción; a partir de ahí, se convierte en su hogar», explica Camino.

En marzo, será una puesta asincrónica. Con un máximo de cinco huevos por hembra, pueden pasar varios días entre que pone uno y otro. Macho y hembra compartirán la incubación y cuidados. Pero no todos los cigoñinos sobrevivirán. «Las crías comen un kilo de carne al día desde los tres meses, por lo que hay un gran estrés en el nido y el más proclive a morir es el último en nacer, al que no le han incubado bien», describe Camino.

Las crías recibirán 56 días de cuidado en el nido, crecerán rápido y ganarán tal envergadura que sólo se diferenciarán de sus padres por el pico. El de la cría es negro, frente al naranja de las adultas. Desde ahí, comenzarán a aprender a volar a finales de junio. A alimentarse para en breve iniciar su viaje. Los fallos de vuelo les llevarán a aterrizar en las calles alfareñas, convirtiendo en habitual la estampa de una cigüeña paseando. En ese momento, quien la encuentre ha de llamar al 112 para que la ayuden. Volverá a intentarlo. Aprenderá a volar y escudriñará en el horizonte el viaje a África.

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