La guía de la tradición

Cientos de alfareños llegaron durante toda la jornada hasta la ermita del Pilar. :: E.P./
Cientos de alfareños llegaron durante toda la jornada hasta la ermita del Pilar. :: E.P.

Los alfareños cumplieron ayer con la romería a la ermita del Pilar

E. P.

Muchos caminos tienen a la tradición como guía, como brújula. En Alfaro, la tradición se funde con la devoción cada 12 de octubre para indicar hacia dónde se dirigen los pasos de los alfareños: hasta la ermita de la Virgen del Pilar.

Construida en el siglo XVI en una pequeña loma a unos tres kilómetros del casco urbano, la tradición de acudir en romería hasta la coqueta ermita en cada festividad del Pilar es secular. Se pierde en la memoria de generación en generación de alfareños. Y tal y como la han heredado, los alfareños la siguen cumpliendo, reviviendo y traspasando a sus pequeños. Para que no se pierdan, para que sigan el camino que heredaron de sus mayores y sigan manteniendo buena parte de su identidad.

En otra jornada climatológicamente más veraniega que otoñal, la ermita del Pilar abría sus puertas pasadas las 9.30 de la mañana. Para entonces, ya eran muchos los vecinos que habían llegado hasta este lugar, en la salida hacia Rincón de Soto y Calahorra. A lo largo de todo el día, y también animados por el caluroso sol, cientos de alfareños cumplieron la tradición. Y el ritual por el Pilar.

Porque esta jornada festiva tiene su ritual alrededor de la ermita. Los alfareños llegaron de todos los modos posibles hasta allí. La mayoría lo hicieron andando, bien en cuadrilla o en familia. De todas las edades. Otros lo hicieron en bicicleta. Alguno a caballo. Una buena parte, sobre todo personas mayores e impedidos, en coches. Y varios grupos se acercaron corriendo. De hecho, un grupo de corredores del Club Rincón Atletismo cumplían con los 10 kilómetros del Camino Jacobeo del Ebro y llegaban hasta la ermita. A su paso, se saludaban con sus colegas alfareños del Inferno.

Ya en las inmediaciones de la ermita, los alfareños e invitados cumplieron con varios rituales. El más tradicional, la compra a la Asociación de Viudas de cordones del Pilar bendecidos. Buscando protección, sus colores acompañarán a los alfareños en muñecas, vehículos, bicicletas y hogares durante todo el año. El otro, más sabroso, la compra de barquillos.

Junto a la tradición, la devoción. Con la coqueta ermita llena en las tres ocasiones, la parroquia ofreció tres eucaristías festejando la celebración del Pilar.

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