Aguilar, entrañable y hospitalaria

Los aguilareños viven sus fiestas y tradiciones con intensidad y hacen de ellas señas de identidad y motivación en el retorno de las estaciones La Virgen de Agosto se lleva la palma de todas las fiestas del año

JOSÉ A. LALINDE* JALALINDE@TRIUNFOTEL.COM AGUILAR DEL RÍO ALHAMA.

«Es la Rioja una de las comarcas más bellas, más pobladas y más fértiles de España: así, némine discrepante, lo propalan los de la tierra y lo confiesan los forasteros; y áun sería más celebrada si mejor fuese conocida». Así se expresa Bretón de los Herreros en 'El matrimonio de piedra' y así piensan y sienten los de Aguilar del Río Alhama cuando se refieren a su propio pueblo. Las fiestas, las tradiciones y un rico patrimonio histórico hacen que este sea un pueblo peculiar y distinto. Pero es su gente la que contribuye a que el nombre de Aguilar suene como el mejor: luchadores y orgullosos pero, principalmente, entrañables y hospitalarios hace que quien se acerca hasta este rincón lejano de nuestra geografía esté deseando volver.

Los aguilareños viven sus fiestas y tradiciones con intensidad y hacen de todo ello señas de identidad y motivación en el retorno de las estaciones. Antes de que la Cuaresma enfile la Semana Santa, el Jueves Lardero (chorizo y huevo) invita a celebrarlo saliendo al campo para merendar las tradicionales tortillas de chorizo. A partir de entonces se espera la Semana Santa y en las casas se afanan en la elaboración de las hojuelas que habrá que regar con la rica limonada. Y adentrados en el otoño, en torno a Todos los Santos, destaca la celebración infantil de las calaveras, contaminada, en parte, por la reciente incursión de Halloween.

En torno al invierno, los cofrades celebran a Santa Bárbara, Sata Lucía y San Antón con los respectivos actos religiosos y de hermandad. Todos los cofrades comparten mesa y mantel en unas fiestas que tienen mucho de familiar y de recuerdo de padres y abuelos que acudían cada cual con sus viandas para compartir. Y de estas tres destaca la de San Antón creando ambiente en la calle en torno a la hoguera y repartiendo la caridad de la molleta a todos y cada uno de los cofrades.

De entre las celebraciones destaca la romería a Gutur el primer sábado de mayo. Es una fiesta especialmente entrañable tanto por su contenido religioso como por la convivencia que genera. La mañana se despierta con el canto tradicional de la aurora que un coro espontáneo de auroros interpreta por calles, rincones y plazas de la villa. La fiesta se centra en el despoblado de Gutur donde se levanta la ermita de la patrona, la Virgen de los Remedios, ante cuya imagen se celebran actos religiosos marcador por el fervor y la emoción. El día de la Cruz, en Gutur, se completa con la degustación del bodigo, un bollo horneado que contiene en su interior chorizo y huevo. La fiesta se ameniza con el baile en la era y se aprovecha para la comida campestre en sus múltiples manifestaciones, una comida en la que las familias y las cuadrillas, distribuidas en torno a la ermita, aprovechan para el reencuentro, reavivar recuerdos y reafirmar su condición de hijos de este pueblo.

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