La Rioja

El párroco se despide

Tomás Navarro, durante el ágape de San Blas posterior al anuncio de su despedida. :: sanda
Tomás Navarro, durante el ágape de San Blas posterior al anuncio de su despedida. :: sanda
  • Tomás Navarro Sacerdote cerverano

En 2017 el sacerdote cerverano Tomás Navarro cumplirá setenta y cinco años. Después de ejercer buena parte de su labor parroquial en Arnedo, se ocupó de Cabretón, Valdegutur y Valverde y, en el 2000, comenzó su misión pastoral en las localidades de Aguilar del Río Alhama, Inestrillas, Navajún y Valdemadera.

Campechano, siempre con su boina negra, habitual de los paseos por las calles y carretera y de las salidas al campo (en noviembre del 2003 estuvo una noche perdido en el monte Monegro cuando salió a coger setas), don Tomás se jubila.

Lo hace obligado. Está recién operado del corazón. El quirófano y la medicación han hecho mella en él y no se fía de subir con su coche por carreteras sin tránsito, en plena Sierra de Alcarama. Así lo explicaba en la parroquia de Navajún el sábado 4 de febrero, en la misa de San Blas. Acudió con el arcipreste del Alhama-Linares, Javier Osés para hacer la despedida más oficial.

Su marcha será paulatina. Dijo que más adelante, aprovechando alguna fiesta de Valdemadera, anunciará a los feligreses de este municipio su jubilación y por último, a lo largo de este ejercicio, dejará de atender a los parroquianos de Aguilar e Inestrillas. También dependerá de la decisión del obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Carlos Escribano, que deberá tomar medidas para reorganizar el arciprestazgo o nombrar un sustituto.

Tomás agradeció el apoyo de los vecinos y citó la última obra realizada, gracias a la implicación del Ayuntamiento. Consistió en el arreglo de la cubierta del templo. Estaba hundida y requería una intervención urgente para salvaguardar el edificio.

Le falló la memoria y no recordó algunos nombres pero sí el de Pilar, navajunera que desde el año pasado está en la residencia de ancianos de Cervera y se ocupaba de limpiar la iglesia. También se acordó de Isidro, religioso oriundo de Navajún, que en los veranos se encargaba de las misas y ya murió.

Tomás se va. Pilar ya no está. Isidro tampoco. Los pueblos ya no son lo que eran y ahora queda el vacío. Sobre todo en invierno. Síntomas de la despoblación y el envejecimiento, problemas de los que tanto se habla y tan pocas soluciones efectivas parece haber.

La coyuntura muestra otro escollo: la falta de vocaciones sacerdotales. ¿Mandarán a otro cura a estos pueblos o se ocuparán los que ya hay en la comarca?, se preguntan los vecinos y foráneos que tienen casas en Navajún. No es la primera vez que se reduce la 'plantilla' sacerdotal en la zona en estos años.