La Rioja

Las doce suenan a las siete

Las familias se acercaron a la plaza de la Paz para comer las gominolas y las uvas. :: donézar
Las familias se acercaron a la plaza de la Paz para comer las gominolas y las uvas. :: donézar
  • Un cotillón infantil en la plaza adelantó las campanadas en Haro

Suele pasar que las tradiciones empiezan de manera espontánea, con una buena idea que es bien acogida y que se va repitiendo a lo largo de los años. En Haro siempre se ha celebrado la entrada de un nuevo año como en el resto de España, con las campanadas a las doce de la noche. Pero hace tres años, con el entonces alcalde Patricio Capellán, sugirieron adelantar la fiesta y congregar a las familias para celebrar un año más todos juntos.

La iniciativa se ha consolidado y las doce campanadas suenan en Haro cinco horas antes. La fiesta fin de año es un buen motivo para juntar a niños, padres, abuelos y a todo el mundo que quiera unirse a la fiesta que se celebra en la plaza de la Paz. Un ensayo para lo que después cada uno celebrará en sus casas junto a los suyos.

En la tarde del sábado, fueron varias las familias que decidieron responder, un año más, a la fiesta y cotillón infantil. Para los más pequeños, la música comenzaba a las 18 horas y a partir de entonces comenzaron a llegar, muchos aún recién despertados de una siesta que les permitirá aguantar un poco más despiertos en una noche tan especial.

Bailes que permitieron sofocar el frío que acompañó a la última tarde del año. Las bajas temperaturas hicieron que alguno se resistiera a asomarse a la plaza, pero aún así hubo público.

Para que las campanadas sean completas, hay que comer las uvas y brindar con champán y eso no faltó tampoco en Haro. Los más mayores fueron cogiendo su paquetito con los granos de uva blanca y las copas de cava. Los pequeños tuvieron su alternativa con refrescos y paquetes con doce gominolas.

Integrantes de la Corporación y los Jarreros Mayores se asomaron al balcón del Ayuntamiento poco antes de las 19 horas. Y tanto arriba como abajo, muchos con gorros, espumillones, antifaces y demás artículos de cotillón, se prepararon para sumarse a la fiesta, que continuaría con piñatas para todos.

Cuando el reloj de la fachada del Ayuntamiento daba oficialmente las siete, comenzaron a sonar las doce campanadas, una para cada uva que fueron ingeridas con cautela. Y después, brindis en la plaza entre todos los jarreros y un grito unánime de Feliz Año Nuevo cargado de esperanza, ilusión, buenos deseos y mucha salud para todos.

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