La Rioja

Antonio Arnedo muestra las jaulas con distintas aves que tiene en su balcón. En el detalle, las crías de codorniz que nacieron hace poco.
Antonio Arnedo muestra las jaulas con distintas aves que tiene en su balcón. En el detalle, las crías de codorniz que nacieron hace poco. / L.R.

Un aviario en la solana

  • El párroco del Camero Viejo cuida de una treintena de aves en el balcón de su casa en Laguna

Al igual que su colección de más de cincuenta belenes, todo comenzó con un inocente regalo. Hace «tres o cuatro» años, Antonio Arnedo Martínez, el simpático párroco de Laguna y de los otros 21 pueblos del Camero Viejo, recibió un loro como obsequio por su cumpleaños. Quien le hizo este detalle sabía de su pasión por los animales y las plantas, que son algunas de sus infinitas inquietudes.

De lo que quizá no fuera tan consciente era de la afición del cura por coleccionar todo tipo de cosas: en Navidad mostró en la iglesia laguchina el conjunto de medio centenar de nacimientos que ha reunido y en Semana Santa exhibió la serie de nueve minipasos que ha creado. Por lo pronto, no muestra el aviario que ha conformado en el coqueto balcón acristalado de su casa en Laguna de Cameros, pero tiempo al tiempo.

Y es que aquel loro solitario que llegó a manos de Arnedo convive ahora con una treintena de aves. «Tengo dos ninfas, dos parejas de periquitos, dos de canarios, una de jilgueros, seis perdices, dieciséis codornices y una gallina», enumera el párroco del Camero Viejo.

En realidad, esta lista ha crecido recientemente. Hace algunas semanas, a este inquieto sacerdote se le ocurrió meter en una incubadora que tenía en su vivienda los huevos que habían puesto las codornices. El resultado comenzó a piar pronto. Antes de marcharse a la cama ya le habían nacido dos crías de codorniz y a la mañana siguiente salieron del cascarón catorce más. «He regalado muchas», dice divertido quien, aprovechando que hasta hace poco Laguna ha estado poblado de niños, ha compartido por las redes sociales el momento del feliz alumbramiento.

Lo concibe como una forma de entretenerlos y acercarlos a la naturaleza, pero también de atraerlos a la palabra de Dios. «Se puede enganchar a la gente a Iglesia a través de los animales, en la cocina entre pucheros...», concluye.