La Rioja

MICHELLE OBAMA

Lo mismo es que somos poco realistas. Igual pasa que cuando nos plantamos ante un político riojano que da el discurso más importante del año pedimos demasiado: que sea un buen ejemplo de oratoria, por ejemplo. O que eso que nos dice lo diga con algo de pellizco, con un poco de ese intangible que rellena las palabras de emoción por el qué y por el cómo.

Probablemente sea culpa de Youtube. Uno entra allí, escribe «Michelle Obama» y sale casi llorando, aunque no sepa ni de qué habla la primera dama ni en realidad le importe. Y claro, luego bajamos al mundo y esperamos lo mismo de los políticos del terruño. Y no.

En los últimos días hemos tenido dos ejemplos de mandamases riojanos dando el discurso más importante del año, ése del «debate del estado de». Ceniceros, en el Parlamento, hace unas semanas; Cuca Gamarra, en el Ayuntamiento, ayer. Los dos han hecho el mismo tipo de discurso: de buen rollo comedido, de optimismo sin tirar cohetes. Largo, detallado y demasiado relleno de fraseología de ésa con la que todo el mundo está por fuerza de acuerdo. Y, en fin, aburrido.

No, ninguno de ellos tiene a sueldo al tipo que le escribía las frases a Steve Jobs. Pero más allá de eso, en el tono de los discursos de nuestros máximos representantes veo algo más: la señal de los tiempos que nos mueven y les mueven.

A ningún otro alcalde del PP de esta ciudad se le hubiera ocurrido por ejemplo empezar el discurso, como hizo Gamarra, repasando las medidas tomadas por consenso en el año de legislatura que llevamos. La alcaldesa no arrancó por lo que su partido ha logrado, no: empezó por lo que su partido ha pactado.

Y a partir de ahí, Gamarra pintó una ciudad que, hay que reconocerle, se parece bastante a la que uno ve por la calle. Es decir, un Logroño que no es el paraíso terrenal, pero que anda razonablemente por su carril. Una ciudad que sale de una crisis que se ha llevado por delante municipios enteros con un nivel de deuda más que aceptable. Una ciudad que ha conseguido salvar de la quema proyectos como el soterramiento y la estación de autobuses cuando, las cosas como son, no parecía haber dinero para evitar que las grúas terminaran colgadas y oxidadas.

No hizo la alcaldesa grandes anuncios, cierto. En tiempos más felices uno se guardaba sorpresas en el bolsillo para sacarlas en días así y dejar a la oposición sin titulares. Pero en estos días hay tan poco conejo en el campo que uno no está como para guardarlo en ninguna chistera: salvados (o sea, pactados) los escollos gordos, lo que al Ayuntamiento le queda es la virtud del día a día, y eso da para lo que da. Es decir, para pocos titulares.

El discurso de Gamarra tiene, eso sí, una virtud del que carecen los de Obama: que a ver cómo lo atacas. Uno no vuela mucho, pero tampoco se arriesga. La prepotencia y la exageración son fácilmente vapuleables; pero la calma y el vuelo a ras de suelo no tanto.