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El riojano Vicente Cuadra, de la Villa de Ocón, cumple 101 años sin "haber hecho muchos excesos y trabajando muy duro"

21.01.13 - 20:08 -
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Vicente Cuadra sostiene las velas de su 101 cumpleaños. / SONIA TERCERO
La sorpresa te envuelve cuando conoces al riojano Vicente Cuadra. Este martes cumple 101 años, su aspecto, su conversación y la viveza que mantiene en la mirada contradicen esa edad. Pero la tiene. Ha vivido más de un siglo y quiere más.
Lo primero que hace cuando llegas a su casa -vive con su hija Elena- es hablar orgulloso de su familia. Una familia grande, tanto como la sonrisa que despliega nuestro protagonista cuando muestra un árbol genealógico que sus hijos y nietos le regalaron el año pasado cuando se convirtió en centenario. Se dirige con paso ligero a la habitación en la que está colgado y explica quiénes están en las imágenes."Ellos son mis cuatro hijos y mi hija: Elena, Santiago, Luis Ángel, Domingo y Juan José". "¿Ves?, pregunta, "tengo diez nietos y trece bisnietos". Con todos ellos celebró el pasado sábado su cumpleaños por adelantado. Se reunieron en una fiesta en un salón de la parroquia de San Ezequiel. Lo pasó muy bien.
Elena y Domingo participan en la conversación. Hablan de la salud de Vicente: dos operaciones de vesícula, una parálisis de la que se ha recuperado de forma completa y no había tomado una pastilla hasta los 95 años.
Un buen mosto
"Yo es que no he hecho excesos nunca. No me ha gustado fumar y he bebido poco". Ahora toma un mosto en casa, a la hora de comer y cuando juega al tute todas las tardes con sus hijos. "Él cuenta los tantos y no se equivoca", añade Domingo.
"Me gusta el mosto, refresca mucho", sonríe y admite que es una joya de la tierra, como nuestro vino. Él también lo es, la trabajó hasta diez años antes de jubilarse cuando se trasladó a Logroño. "Lo que más recuerdo es lo duro que era lo del campo, sin máquinas, no como ahora", asegura. Se refiere a su vida en la Villa de Ocón donde nació en 1912. Y es que él ha comprobado después cómo han cambiado los tiempos. Un siglo da mucho de sí.
"Solía comentar que si llega a saber todo lo duro que le iba a tocar en esta vida hubiera preferido no vivirla", dice Elena. Aquella frase saldría de su boca en días de cansancio, porque es difícil de creer con su evidente vitalidad.
Domingo explica que estuvo muy activo hasta los noventa años. Su hija detalla que participaba en un grupo de mayores con el que hacía visitas culturales y se preocupaban por mejorar las deficiencias del barrio.
Sus amigos, como es lógico, ya son más jóvenes que él. "Bueno, algunos unos cinco años, tampoco tanto", comenta riendo. "Amigos tiene bastantes, enemigos ninguno", añade Domingo. No sorprende por su buen carácter.
Las cosas de antes
"Hablo con uno y con otro, de cosas de antes", explica. "De lo que más recuerdo de cuando fue la Guerra Civil", apunta. "Yo no lo pasé mal, porque no estuve nunca en el frente. Era el encargado de ir a comprar lo que me mandaba la cocinera, ella me hacía una lista y me daba el dinero. Y luego, a los oficiales les compraba por otra parte su tabaco, algo de bebida...", rememora.
Entonces no estaba casado. Lo estaría después, su mujer era también de la Villa de Ocón y falleció hace 23 años. Desde entonces está en casa de Elena, que de vez en cuando quiere sujetarle un poco, "pero él no se deja". "Sale todas las mañanas a misa, un día le dije que era mejor que yo fuera con él y entonces me contestó que así él no iba. Es que es muy independiente...", dice ella. "Llevo los teléfonos de todos en la cartera, también recortes del periódico", añade el cumpleañero, que dice orgulloso y demuestra que "no necesita gafas para leer".
Queda claro que no le gusta que le trastoquen sus costumbres. Y no parece irle mal. Después de la misa entra en el bar se toma uno de sus mostos del día y un poco de jamón, luego a comer, siesta y partidita. ¿Será este el secreto?
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