Ocurrió el 25 de diciembre de 1962. Aquel día, el termómetro bajó en el observatorio de Agoncillo, donde se registran los datos regionales, hasta los 11,6 grados negativos. Un récord que sigue sin batirse 50 años después, aunque hay quien augura que este fin de semana el mercurio puede rondar esa cifra, cosa que no ha sucedido esta madrugada: la mínima se situó en el umbral de un grado bajo cero. "La sierra Cantabria hace de parapeto", explica Evelio Álvarez, responsable regional de la Agencia de Meteorología. "Y además en Logroño funciona también el efecto ciudad, de modo que la disposición de los edificios mitiga el frío". Álvarez sospecha que la madrugada del sábado al domingo será más gélida que ésta próxima que se avecina: “Esta noche tendremos más o menos la misma temperatura pero viene ya una ola polar, no siberiana como la actual, que cruza por Gran Bretaña y trae más humedad”. Así que Meteorología prevé no sólo que aumente el frío, con mínimas de hasta cinco bajo cero, sino nevadas de unos 3 centímetros en el valle y 8 en la sierra, que esta vez encontrarán el suelo helado y provocarán por lo tanto problemas para el tráfico y los peatones. Esa mezcla de factores, unido al viento norte que soplará con una fuerza de 70 kilómetros por hora, se mantendrá durante los primeros días de la semana, pronostica Álvarez, escéptico ante la posibilidad de que se bata, sin embargo, aquel récord de 1962.
Como es obvio, no fue la vez que el termómetro bajó más en la historia de la región. Algún rincón de la sierra riojana habrá visto mínimas más extremas que la registrada en aquella Navidad del 62, pero no hay registros tan fiables como los del aeropuerto de Agoncillo, por entonces una base aérea dotada sin embargo de los mecanismos de medición necesarios para alcanzar tal conclusión: nunca se ha pasado por La Rioja tanto frío como en aquellos días. Imaginar hasta dónde descendería el termómetro entonces en las cotas más elevadas de Cameros provoca escalofríos, pero por aquel tiempo nuestros antepasados no se arredraban con tanta facilidad como nosotros. De hecho, la ola de frío ni siquiera provocó en estas páginas el mismo alarde que en la actualidad. Nevadas, hielo… y escaso impacto informativo en nuestro periódico. Hasta 24 horas después no halló eco el temporal en la portada, donde competía con noticias tan singulares como ésta: “Inferioridad rusa en proyectiles dirigidos”; en páginas interiores, se informaba de la suspensión del servicio de autobuses con las provincias vecinas y un día después, el 28 de diciembre, una foto madrileña ilustraba la primera página: el estanque del Retiro, completamente helado. Aunque había otra foto aún más llamativa: una de las torres de La Redonda de Logroño, a punto de caerse. La amenaza no llegó a concretarse: ocurría, simplemente, que era el día de los Inocentes.