Los niños no vienen hoy de París... Pero sí lo hacen de Etiopía, Madagascar, Congo, Colombia, Perú, China, Rusia, Filipinas, Vietnam, India...
La decisión de adoptar puede ser consecuencia de la infertilidad, pero, también, se trata de una opción para las familias monoparentales y una forma diferente para muchas parejas de afrontar la paternidad.De hecho, cada vez más familias riojanas, con hijos biológicos propios, cimientan la solidez definitiva de su hogar con un pequeño adoptado.
Ricardo y Merche (con dos hijos propios), Pedro y Sandra (uno) y Carlos y Nereida (una hija biológica y un niño en acogida) son algunos magníficos ejemplos de ello. «La familia, los amigos, nos decían: ‘Pero pudiendo tener hijos, ¿porqué adoptáis?», cuenta Nereida. «Al final –afirma–, la mayoría lo entendió y, sino fue así, se lo calló». Emilio y Ana (sin hijos biológicos) no tuvieron problemas en ese sentido y contaron con la implicación y el apoyo de «toda la familia» desde el principio.
En todo caso, y con independencia de cuáles sean sus motivaciones personales, todos los padres que se animan a adoptar coinciden en algo: su disposición a entregarse a un amor incondicional, aferrándose a una voluntad de hierro para resistir la maraña burocrática, la ansiedad de los años de espera (dos y medio como mínimo), la incertidumbre «sobre lo que vendrá» y, en el caso de las adopciones internacionales, el coste de los viajes (por encima de los 9.000 euros), que no conllevan los procesos nacionales.
Un esfuerzo desmedido porque implica 'desnudarse' ante los psicólogos y los trabajadores sociales, dar cuenta de las cuentas con el fin de demostrar que pueden mantener al niño, abrir las puertas de su casa para comprobar que reúne condiciones para la acogida... En dos palabras, probarse 'aptos'. «Lo entendemos, porque tienen que asegurar unas garantías para los niños -reflexiona Ricardo-, pero no deja de ser curioso que a los padres adoptivos se nos exija un certificado de idoneidad que no se les reclama a los biológicos; con lo que luego ves por ahí».
Una vez que un comité de evaluación expide este 'visado' (seis meses), los padres se enfrentan a un decisión difícil: elegir el país y ponerse en contacto con él. Pueden hacerlo por medio de una agencia colaboradora (ECAI) o por libre. En La Rioja hay dos ECAI acreditadas: Balbalika (Nepal, Etiopía y Haití) y ACI (China, Filipinas, Vietnam y Haití). Si están interesados en otra nacionalidad, la Consejería realiza una habilitación para que acudan a otra región en la que esté una ECAI que opera con ese país. Emilio y Ana se fueron a Barcelona para tramitar la adopción de Eric (Madagascar).
Impaciencia
Y a partir de ese momento... a esperar. «Lo peor de todo para nosotros -señala Merche-, es que ves que el tiempo pasa y pasa y pasa...». Contener la impaciencia se hace imposible en determinados momentos. ¡Qué despacio avanza el calendario! Pero los padres se mantienen firmes en su ilusión y vuelven a echar mano de esa voluntad de hierro, a prueba de decepciones. Para no caer, para no rendirse.
Entonces, un día les anuncian que les han asignado un niño. Se vuelven locos. Y se lanzan a rastrear en Internet el orfanato en el que está esperándoles el que será su hijo. Merche y Ricardo así lo hicieron y descubrieron que una de las niñas que aparecían en la web era Sofía: «No olvidaremos jamás esa imagen. La niña estaba en un cesto que una cuidadora llevaba a la espalda. ¡Era tan pequeñita!».
Y, por fin, llega el momento: desplazarse al país para recoger al niño. Unos viajes intensos, largos y desbordantes de emociones. El corazón palpita velozmente, las manos sudan, los pensamientos se agolpan, el nerviosismo bloquea el habla. No es para menos. Han pasado tres años (en el mejor de los casos) desde que comenzó todo y restan sólo horas para abrazar a su hijo.
Pero, de nuevo, asaltan las dudas. ¿Cómo nos recibirá? ¿Nos dará un beso? ¿Sonreirá? ¿Cómo le consolamos si llora? Inquietudes que se desvanecen gracias al amor, omnipresente en todos los encuentros.
La Rioja registró 22 adopciones internacionales en 2009 (China, Etiopía, Kazajistán, Vietnam y Colombia) y se abrieron 94 expedientes, según explica la directora general de Infancia, Mujer y Familia, Paloma Corres. La Comunidad, que destinó 73.747 euros en ayudas, realiza el seguimiento de 55 familias (58 menores), control que suele durar un año. Además, 17 hogares tienen acogidos a menores españoles.
Respecto a Haití, Corres admite que varias familias riojanas se han interesado en traer niños antillanos. La adopción no es posible porque la legislación internacional impide la salida de menores de un país cuando éste ha sufrido un desastre natural. Además, la mayoría de las comunidades españolas, entre ellas La Rioja, tienen suspendidos desde hace un año los procesos de adopción con Haití (no ofrecía garantías). La acogida tampoco parece viable. «Prudencia», demanda Corres.