Todas las ciudades, cada rincón, guardan en sí algo de museo personal y colectivo. Sus callejeros están jalonadas de edificios asociados a la memoria de cada municipio, al recuerdo de sus habitantes. Para poner orden en esa memoria construida con piedra, cemento, ladrillo e historia, el Colegio Oficial de Arquitectos de La Rioja (COAR) ha impulsado un estudio que documenta una generosa gavilla de los inmuebles más representativos de la arquitectura riojana.
El análisis ha tomado la forma de un inventario abierto como actualización del trabajo que rubricaron en 1995 los arquitectos Mercedes Blanco e Ignacio Martínez. Su relevo lo han tomado esta vez Aurora León y José Miguel León recopilando 496 edificios de toda la comunidad ordenados por localidades y en orden cronológico. «La nueva relación no recoge literalmente todos los que aparecían en el anterior estudio; se han añadido unos y desestimados otros por su derribo o transformación», explicó José Miguel León, al tiempo que enfatizó la vertiente «pedagógica, pero también reivindicativa», de un documento llamado a servir de aldabón para conservar un patrimonio del que acaba de borrarse el chalé de los Sevillas en Arnedo. En un intento de acotar los márgenes de la radiografía, los autores del inventario lo han enmarcado entre dos fechas: 1860 y 1980. «La primera coincide con el derribo de las murallas de Logroño como punto de inflexión en el cambio de escala de las ciudades; la segunda ha buscado una cierta distancia de la arquitectura contemporánea para eludir consideraciones personales», argumentó León.
El análisis no se limita a las obras más previsibles e incorpora edificios de interés no tan conocidos o valorados socialmente que arrastran por ello algún riesgo de desaparición. Se trata de casi medio millar de viviendas y edificios industriales, religiosos o institucionales, muchos de ellos en uso aunque no por ello en buen estado de conservación, repartidos en 35 localidades (Logroño aglutina el 40% del total) en los que, además de la correspondiente fotografía se consignan datos como la fecha de construcción, el autor cuando ha sido posible identificarlo, la ubicación o alguna anécdota que contextualiza la obra en su entorno y en su época. La labor en esta faceta ha estado apoyada por la información recabada en diferentes archivos municipales y cuya aportación va en una doble dirección. «Además de poner el inventario a disposición del público y darle un alcance social a través de la web del Colegio de Arquitectos, queremos facilitarlo a los ayuntamientos para que tengan en cuenta de qué patrimonio disponen al hacer nuevos planeamientos».
León se muestra renuente a destacar una pieza sobre las demás. «El resultado es un todo, un diagrama quebrado que responde a los ritmos sociales y económicos que la sociedad riojana ha marcado en cada momento». En definitiva, una fotografía fija de un todo continuo.