Inocente Arévalo nació en 1901. Por aquel tiempo la esperanza de vida no llegaba a los 35 años, edad que ya han sobrepasado algunos de sus nietos. Hoy en día la cifra es mucho más elevada y se sitúa en los 81 años (casi 78 en el caso de los hombres y 84 en el de las mujeres). El abuelo de La Rioja y de España rompe con creces con esta media y, lo más importante, en un estado de salud bastante aceptable y con una mente lúcida. Ayer cumplió la nada desdeñable edad de 108 años en su pueblo, Igea.
Como cada mañana al levantarse se echó un buen trago de agua, en ayunas, como lo lleva haciendo toda la vida. Una práctica que puede que sea además uno de los secretos de su longevidad.
No toma ningún medicamento de forma habitual y en los últimos años la enfermedad más importante que ha sufrido fue la aparición de piedras en la vesícula el pasado mes de mayo. Entonces le trasladaron de urgencia al Hospital de Calahorra y de allí a Logroño donde le operaron. Estuvo ingresado un día tras la intervención y después le enviaron a casa como si nada.
Lo cuenta uno de sus hijos porque Inocente lo que recuerda mejor es que «dos veces me puse bastante mal hace unos años pero se me pasó enseguida, ahora la practicante viene cada semana a verme a casa, qué se yo si por rutina, porque estoy bien, no me duele nada». Ya no camina como antes, cada vez oye y ve peor pero se puede mantener con él una conversación perfectamente y cuenta cualquier cosa del pasado (lo que más le cuesta retener son las vivencias actuales). ¿Quién puede pedir más con 108 años?
Todavía mantiene la ilusión por recibir las visitas de quien quiere felicitarle y el interés por hablar con la gente y contar su vida, pura historia. El domingo celebró una comida con toda la familia y ayer no paró de contestar al teléfono, atender a los medios y a numerosos vecinos.
Lo mejor, su mujer
A todos recibió con sumo agrado, recordó su intenso pasado y hasta recitó unas coplillas de memoria. No duda en afirmar que «hoy en día se vive mucho mejor. Dónde vas a parar, hombre» y confiesa que el momento más feliz de su vida fue cuando se casó con su mujer, Lucía. «Mi boda fue como las demás, muy bien, fuimos muy felices y nos entendíamos a la perfección en nuestros trabajos... ¡Ay que vida! Aquellos tiempos ya se pasaron». Lo peor para Inocente, sin dudarlo, fue el fallecimiento de su esposa.
Fruto de esa relación tuvo nueve hijos de los que viven seis. Además, tiene once nietos y catorce bisnietos más otro que está en camino, a punto de nacer.
Opina también que «el dinero es la causa de todos los males que hay en la vida porque todos queremos más y no puede haber al mismo tiempo para todos». ¿Y qué pide Inocente a la vida a estas alturas? Pues «seguir viviendo lo mejor que se pueda, y digo lo mejor que se pueda no como se quiera».