Está claro que ante las zarzuelas de gran repertorio la CLA siempre se crece y esta vez no ha sido excepción, pues hemos podido asistir a una representación muy completa de una de las zarzuelas más populares del género. Jacinto Guerrero no era un compositor muy preparado técnicamente, pero sin duda fue un gran creador melódico y los temas de sus romanzas tienen fuerza sobrada para incorporarse en primera línea al acerbo musical español: la poderosa salida de Juan Mi aldea, sus romanzas El dinero que atesoro o No importa que al amor mío, la romanza del tenor Flor roja, el hermoso dúo de las dos sopranos, los divertidos números cómicos, la marcha Amigos siempre amigos, así como varios coros de buena factura, siempre están presentes en la memoria de los aficionados.
Y muy bien que lo supieron llevar a puerto los numerosos intérpretes que exige esta obra, empezando por los cuatro protagonistas, todos ellos profesionales. Jesús Lumbreras, cantante de voz inclasificable y peculiar impostación, que parece bajo pero con brillantes agudos propios de tenor, hizo un poderoso Juan, sobrado en lo musical y en lo teatral. El tenor Giner, a pesar de algunas irregularidades, lució una bonita voz como Gustavo. Poderosa y segura Sonia González en el exigente papel de Adriana la madre y muy bien Ruth Terán en el bonito papel de Rosaura la hija. En la parte cómica hay que descubrirse con el Clariván de Antonio Buzarra, un artista local que canta, recita y actúa muy bien, que parece haber tomado el relevo a esos grandes cómicos que siempre hemos disfrutado de la cantera logroñesa (debo aclarar en justicia que, en mi crítica anterior a La del manojo de rosas, cometí el error de asignar una pobre actuación a D. Pedro, cuando en realidad quería decir D. Daniel (el padre de Ascensión, pues el papel de D. Pedro -padre de Joaquín- fue muy bien interpretado por Antonio Buzarra). El otro papel cómico, el gendarme Triquet, estuvo en las manos profesionales de Ángel Walter, un espléndido tenor cómico de raza.
Cristina Toyas y Ana Romero hicieron unas creíbles Nita y Emma, así como el resto del abundante reparto, que estuvo en su punto. Muy bien los pequeños detalles coreográficos de Aurora López Infante. El coro -esta vez sí- sonó como en las grandes tardes y se movió con suficiente soltura en escena. La orquesta mostró a ratos una calidad y preparación justita y otras veces sonaba estupendamente: ya saben, la escasez de ensayos. Destacaré la dirección de escena de Vicente Cuadrado, que hizo que todo funcionara con fluidez, y muy especialmente al director musical Ricardo Chiavetta que demostró tener soberbiamente montada la obra, consiguiendo obtener lo mejor de solistas, coro y orquesta. El público, que casi llenaba el aforo del Bretón, salió muy satisfecho.