Dos sicarios checos, sórdidas reuniones en el reservado de un club de alterne y un alcalde -entonces concejal de Urbanismo-, Juan Cano, en prisión como presunto inductor del asesinato de su predecesor, Alejandro Ponsoda. Son los ingredientes de la trama criminal de Polop de la Marina, un pequeño pueblo alicantino de 4.000 habitantes convertido, muy a su pesar, en el ejemplo de hasta dónde se puede llegar por controlar la cartera de Urbanismo en un ayuntamiento.
Desde que dispararon contra Ponsoda en la noche del 19 de octubre de 2007, el pueblo ha permanecido en silencio. El único que lo rompía era precisamente el último detenido: el sucesor de Ponsoda en la Alcaldía, Juan Cano. Un hombre que se hartó de pedir a la Guardia Civil que «tirase del hilo», hasta que ese hilo los llevó a su propia casa la madrugada del pasado martes.
El ahora detenido ingresó en la política activa de la mano de su presunta víctima en 1995. Era la primera vez que el PP ganaba las elecciones en Polop, y el alcalde le encomendó el área de Urbanismo. En esos años, el pueblo creció a base de la construcción para el turismo residencial, aunque para ello hubiera que construir en terreno no urbanizable. «Levantabas el chalé, pagabas una multa simbólica y te lo legalizaban». La acusación es de uno de los miembros de la Plataforma de Afectados, constituida por la proliferación irregular de viviendas en plena montaña.
Los desmanes urbanísticos, sin embargo, no fueron la causa de la caída en desgracia de Cano dentro de su partido. El PP obligó a Ponsoda a deshacerse de Cano en 2003 tras recibir una denuncia de supuestas extorsiones a empresarios locales. «Oímos rumores, pero una cosa son los rumores y otra los hechos», replica la alcaldesa en funciones, María Dolores Zaragoza.
Cuatro años más tarde, el alcalde asesinado no tuvo más remedio que recuperarlo como número dos. Cano era para entonces el presidente de la junta local del PP. Las discusiones entre uno y otro «eran constantes», apuntan sus propios compañeros de partido. «Pocos días antes de que le dispararan, Cano amenazó a Ponsoda con no renovar el contrato de su hija en el Ayuntamiento», recuerda un militante.
Pero las principales diferencias entre ambos surgieron, precisamente, a raíz de la gestión urbanística del municipio. Al parecer, Cano pretendía poner en marcha un plan parcial para construir varios miles de viviendas junto a la montaña. Algunos apuntan que la idea era levantar cerca de 5.000 viviendas, lo que hubiera triplicado el censo.
Ansias de poder
Ansias de poder, afán por controlar el urbanismo municipal o animadversión personal, las investigaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil apuntan a que la situación explotó de la forma menos esperada. El 2 de noviembre de 2007, Juan Cano se convertía en alcalde de Polop tras la muerte de Ponsoda, ocho días después de recibir dos disparos a las puertas de su domicilio.
«Nunca nos ha apoyado», cuentan las hijas del fallecido, Fátima y María. A pesar de que una de ellas trabaja en el Consistorio y de que en un pueblo como Polop «todo el mundo se conoce», las jóvenes lamentan el vacío que les hizo sentir el sucesor de su padre «desde el primer momento». Sobre las discrepancias entre su padre y Cano advierten que Alejandro Ponsoda «era una persona honrada, no le gustaba la corrupción».