El personaje
FBernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951), poeta y novelista en euskera y castellano
FBibliografía destacada: Dos hermanos (1985), Premio de la Crítica; Obabakoak (1988), Premio de la Crítica, Premio Euskadi y Premio Nacional de Narrativa; El hombre solo (1993), Esos cielos (1995), El hijo del acordeonista (2003), Siete casas en Francia (2009)
FLectura comentada: Centro Cultural Ibercaja, a las 20 horas
‘Los paraísos y los gatos’. Quien conozca la obra del escritor Bernardo Atxaga (Asteasu, 1951) podrá imaginar que esa simple y misteriosa proposición es puerta de entrada a un mundo de historias y poesía. El Aula de Cultura de Diario LA RIOJA y la revista literaria Fábula se han unido para convocar hoy en Logroño al célebre autor de Obabakoak a la lectura pública de sus textos inéditos.
- Comencemos con una de sus historias: de paraísos y gatos.
- Leí hace muchos años que los escritores emplean procesos y elementos comunes para la creación pero con resultados muy diferentes. En este caso pretendo ofrecer un texto inédito en castellano: el paraíso es el tema y el tono tiene que ver con el humor…
- … ¿Como en su poema La vida según Adán?
- Algo así. De hecho leo ese poema y otros textos que tienen que ver con el tema, Paraísos, y coinciden en el tono.
- El humor está cada vez más presente en su obra. ¿Responde a su tono vital o es una reivindicación literaria?
- El humor es un tono muy poco frecuente para tratar los grandes temas y, sin embargo, es de los mejores. Hace muchos años escuché que la última casa que le quedaba por habitar a la poesía era el humor. La poesía, que está llena de palabras como atardecer o crepúsculo… pero que no ha sido escrita con humor, sin trivializar. Siempre he llevado eso en la cabeza, como el verso: “Hemos nacido para el paraíso y por debajo del paraíso no queremos nada”.
- También Siete casas en Francia, su última novela, está escrita con humor.
- Sí, con un humor a veces absurdo, a veces negro, amoral… Por ejemplo, no describo lo malo que era el rey Leopoldo III, en cambio los personajes se enfrascan en si tenía dos, tres o incluso cuatro huevos. No se me ocurre otra forma de afrontar la historia de un destacamento militar que vive en el Congo que el humor. De hecho, el humor es la única línea de entrada a la realidad que se me ocurre ahora. Creo que el lenguaje noble sobre problemas dramáticos ya está completamente asumido. A los escritores nos pasa un poco que solemos caer en lo que yo llamo ‘la tentación de la franquicia’, que creemos que nuestra obra tendrá interés si escribimos sobre algo que ya es popular. Esa actitud sigue estando en el paquete de lo que no significa nada. A veces, como única forma de protesta ante tanta retórica, la única solución que nos queda es hacer un chiste. La literatura es emoción y en ella no cabe el lenguaje hueco de la retórica.
- A menudo nos preguntamos si leemos poco o lo suficiente (desde luego, nunca demasiado), pero no solemos cuestionarnos que hablamos cada vez menos, nos contamos pocas historias, y que así estamos perdiendo parte de nuestra historia, de nuestra herencia, de nosotros mismos.
- Estoy de acuerdo. Una de las fuentes de la literatura ha sido la conversación y, al mismo tiempo, ha sido también consecuencia de ella. Hablar de libros hacía que las historias tuvieran más sentido y fueran más atractivas. La conversación ha estado siempre en la literatura. Existe, después del libro, el libro que pasa a las conversaciones. También ocurre con el teatro. Por otro lado, antes la conversación ayudaba a la gente a tener más pensamiento, más personalidad. Lamentablemente se ha cumplido la maldición de McLuhan de que la televisión iba a convertir el mundo en una ‘aldea global’. Y todos sabemos lo que pasa en las aldeas: que hay pocos temas de conversación y los vecinos se entregan al chismorreo. Las conversaciones han adelgazado muchísimo. Le ocurre incluso a la gente que lee.
- En su caso, en su obra literaria, la tradición oral es importantísima. Aparte de su amplio bagaje cultural, de su formación académica, de su pensamiento, de ser una persona enormemente leída, se diría que su mayor riqueza es la cantidad de historias que atesora. Hoy se estila, en cambio, un tipo de novela muy documentada en determinados momentos históricos, en lugares y circunstancias concretas… Sin embargo, su mejor ‘fuente documental’ es la cultura popular, la memoria y eso que suele llamarse ‘el universo personal del autor’.
- El motor de un escritor está en la memoria. La memoria debe ser motor, no almacén. Yo no busco historias ni hago nada por retenerlas, pero mi memoria, que no sé cómo trabaja, va juntando cosas y seleccionando, hace de alambique de tus experiencias. Mi idea del proceso creativo… no sé, vas construyendo a lo largo de tu historia. Yo busco historias que sean como imanes. Historias habrá cien mil, pero buenas sólo cien. Por otro lado, tengo que confesar que siento especial antipatía por las novelas históricas; son como redacciones de colegio. La historia, no; la historia me encanta y he sido ferviente lector de historia. Pero no me interesa nada saber cómo se imagina un escritor a la novia adolescente de Carlomagno.
- Los mitos, las supersticiones, la fe, las ideologías… ¿Hemos sustituido las creencias por el cinismo más vacío?
- No debemos dejar de lado la importancia actual de la fe y la superstición; no sé yo si tan fuertes como en el pasado. Ha habido una evolución de la sociedad, pero quizás no tanto como para abandonarlas totalmente. Lo que quizás sí ha cambiado es la literalidad sobre cualquier creencia. A mí me parece interesante alguien que se toma literalmente sus creencias. Lo que no me gusta tanto es la gente que dispone de la ideología como del coche, como un instrumento, como algo maleable.
- ¿Cuál diría que es la razón por la que un escritor tan arraigado a la tierra, en su caso a la tierra vasca, tiene una dimensión universal?
- Acabo de saber que Obabakoak va a traducirse al coreano…
- ¿A cuántos idiomas ya?
- … Incluso yo he perdido la cuenta; deben de ser ya unos treinta. Siento una alegría especial. Es una sensación… como de unidad del mundo. Tú partes de algo muy concreto, de tu casa, de tu país… y conectas con alguien tan lejano en muchos sentidos, pero no en tantos, por lo visto. Lo atribuyo a que los escritores tenemos un compromiso con lo particular que no tiene, por ejemplo, un filólogo o un filósofo. El filólogo o el filósofo tienen que buscar vigas maestras; lo nuestro, en cambio, es lo particular, los fenómenos, lo sensible, lo que se oye, se toca o se saborea. Ése es el oficio de la literatura. Todos los libros, desde el Quijote, tienen un compromiso con lo particular. Los personajes no deberían ser representativos de nada. Si tú describes a tu tía y la describes bien, incluso un coreano entenderá de qué estás hablando. La literatura es oponente a la filosofía; estamos en pelea con ellos.
- ¿Ha encontrado conexión alguna entre Estados Unidos y Japón, pasando por el País Vasco y España? ¿Algo que le lleve a pensar que realmente existe la más mínima posibilidad de entendimiento entre los seres humanos?
- La comunicación universal es perfectamente posible. Todos podemos tener amigos en todas partes del mundo. Pero encuentro que los intereses básicos, comer, vivir, convivir… son contradictorios casi siempre. Ahí es donde no hay entendimiento… Los políticos se ocupan de ello.
- Precisamente. ¿Por qué parece existir un muro tan alto entre Logroño y Vitoria, pongamos por caso, entre Madrid y Donosti o Bilbao?
- Entre la gente yo no veo ninguna muralla; al menos, no más allá de los problemas normales que pueden surgir entre vecinos. Socialmente yo no veo una reacción de rechazo hacia el otro. Pero sí hay quien cree, algún cínico, por cierto, que la gente en España se puede calentar en una semana. Juegan con el miedo. La clase política no tiene ni idea de cómo debe utilizar ese enorme capital que es la gente. Un político irresponsable es capaz de calentar a la gente; lo han hecho políticos vascos, catalanes, españoles… todos. La clase política española tiene muy poca clase. En cambio, políticos como Obama o Hillary Clinton incluso hablan de otra manera.
- En esa muralla a la que yo me refería se van apilando ladrillos; al último lo hemos llamado ‘blindaje’. A propósito de economía: la crisis económica, nuestra crisis de países ricos -porque los pobres están en crisis permanente-, nos preocupa más que la crisis de las ideologías; cayó el Muro hace veinte años, tras el 11-S se estableció un ‘nuevo orden mundial’ y sus guerras continúan… Uno no tiene la sensación de que el mundo haya mejorado. Usted habla de “la necesidad de construir una nueva utopía, la mejor convivencia”.
- La idea política de ‘utopía heroica’ ha fracasado. Los políticos… nosotros mismos estamos perdidos. Los creyentes lo tienen mejor. Pero la utopía de la convivencia es muy simple: vivir entre la gente. La primera regla básica es la redistribución de la riqueza. Si lo que hacen los blindajes es separar yo no los quiero. Por otro lado, me deprime mucho que un laborista como Blair fuera el ayuda de cámara de un integrista como Bush. Añoro a los socialdemócratas como Olof Palme. Me conformaría con que se mantuvieran fieles a la socialdemocracia.
- ¿La convivencia en Euskadi sigue siendo utópica? ETA tiró por la borda la última opción de diálogo para abandonar definitivamente la violencia y ahora ¿se excede el Estado en impedir la opción política de la izquierda abertzale?
- De verdad que con temas como éste me gustaría que existiese la fecha de caducidad, como en los productos de la tienda. Tantos años sin solución para este asunto… me deprime terriblemente. Creo que sí, que con esa actitud el Estado hace muy poco por conseguir la paz. Nunca entenderé que en la última tregua, el Estado no hiciese ningún gesto teatral, como el acercamiento de presos. No lo entiendo. Pero tampoco quiero convertirme en un paranoico.
- Hace casi seis años, en otra visita a Logroño, le pregunté qué actitud puede tomar el poeta, si comprometida o simplemente creadora, ante el “muro de prefascismo político y barbarie cultural” que usted mismo describía al término del segundo mandato de Aznar. Contestó usted que lo que le pedía el cuerpo, recordando el Decamerón y la peste asolando Florencia, era encerrarse en casa a recitar poemas y contar historias picantes. “La literatura como consuelo y como amparo más que la literatura como profecía, como protesta”. Finalizaba entonces la campaña electoral del 2004 y las encuestas parecían perpetuar al PP en el poder. Pocos días después ocurrieron los atentados del 11-M. Desde entonces es el PSOE el que gobierna, ahora también en el País Vasco. ¿Le ha decepcionado el gobierno socialista?
- Me parece un Gobierno… ni fu ni fa. Es difícil hablar de que haya cambiado algo. En Euskadi se quejaban de que los nacionalistas sólo se fijaban en lo identitario, pero ahora que son ellos los que han tomado el poder no hacen otra cosa que hablar de lo identitario. Parece que para ellos ‘es bueno todo lo que nos viene bien’. Se preocupan de si la Vuelta a España tiene que pasar por Euskadi… Pero, ¿qué pasa con la lectura en los colegios, que está fatal? ¿Qué pasa con los problemas de verdad? Se podría hacer una lista de problemas que hay sin resolver. Ningún gobierno parece verlos y ninguno los resuelve. Eso sería lo verdaderamente civilizado: resolver los problemas. Es lo mismo de siempre en este país desde que tengo memoria: todos hablan de la tierra prometida; todos, los del norte y los del sur, nos hablan siempre de lo mismo, pero nunca nadie resuelve nada.