La transición educativa. Un cuarto de siglo ha pasado ya desde aquel domingo, 18 de noviembre de 1984, en el que el diario nos informaba de las quejas esgrimidas por los portavoces de los profesores y la Federación de Asociaciones de Padres sobre la educación riojana.
Uno de los aspectos más sangrantes era la de una masificación que no cumplía ni por asomo la relación profesor-alumno marcada por la Ley, además de que estos se hacinaban en espacios físicos inadecuados, pues las aulas y el material enviado por el Ministerio eran para 35 niños y con frecuencia había en ellas más de cuarenta. La saturación de las clases había llegado a tal punto que los niños no podían repetir los ciclos inicial y medio porque entonces los que iban detrás de ellos se quedaban sin sitio, lo que originaba el problema de que muchos chavales pasaban de curso en bloque, sin estar preparados y sin base suficiente para afrontar nuevos conocimientos, lo que lógicamente engordaba las cifras del fracaso escolar. Según profesores y padres en Logroño era urgente acometer la construcción de nuevos parvularios, pues en los escasos existentes los grupos sobrepasaban en número a los cuarenta alumnos. Además, los colegios de la entonces EGB de la capital, no sólo estaban saturados, sino que mostraban grandes carencias, ya que no disponían de instalaciones deportivas donde llevar a cabo la Educación Física, ni de especialistas en esta materia. Algo semejante ocurría con las materias de inglés y música. En cuanto a la situación de la provincia, el problema dejaba de ser la masificación para centrarse especialmente en las deficiencias observables en las instalaciones, a menudo privadas de mantenimiento, donde las infraestructuras estaban obsoletas y en los que faltaban salas auxiliares y especialistas en no pocas materias. En definitiva, una situación nada boyante la de una educación que parecía haberse olvidado de realizar su particular transición.
Un millón de personas, contra la LODE. Y mientras la enseñanza pública mostraba un rostro lleno de carencias y necesidades, las asociaciones de padres católicos y los sindicatos de profesores de la enseñanza privada, se preparaban para concentrar en Madrid a un millón de personas en contra de otra de las muchas reformas educativas que el país ha venido sufriendo en los últimos veinticinco años: la LODE. Según estas asociaciones la nueva Ley violaba el derecho de los ciudadanos a elegir con libertad la enseñanza de los alumnos de los colegios privados religiosos, aunque más bien lo que parecía estar en juego era la idea de que el Estado fuera el que tuviera que asumir los gastos de los colegios privados. Un debate que iba a predominar toda la transición española en lo que se refería a educación y que, aún hoy, veinticinco años después sigue levantando ampollas en la sociedad. Fuera como fuese se esperaba que en La Rioja tomaran su salida ese día con destino a Madrid más de 20 autobuses que se sumarían a los 5.000 de toda España, más de un millón de personas deseosas de manifestarse contra la Ley de Educación del Gobierno de Felipe González, quien había descrito la protesta como un acoso al Ejecutivo y una forma de presión al Constitucional.