En la hora más feliz de su vida Angela Merkel formuló una pregunta que desconcertó al pleno del Bundestag. ¿Quién habría pensado que en este año el más alto cargo del Gobierno sería traspasado a una mujer?, dijo cuando pronunció su primer discurso como canciller, el 22 de noviembre de 2005.
Nadie. Y tampoco nadie en Alemania era capaz de explicar entonces cómo la humilde hija de un pastor protestante, que vivió los primeros 35 años de su vida en la mitad comunista y que era una perfecta desconocida cuando el país se unificó en octubre de 1990, lograra en tan sólo quince años convertirse en la jefa del Ejecutivo de la primera potencia económica de Europa.
Es cierto, Angela Merkel es dueña de la biografía política más impresionante en la historia de la postguerra del país. Nadie como ella creció tan rápido desde la nada y nadie llegó tan lejos en tan poco tiempo. Y tampoco nadie inició una carrera política con una pregunta casi ingenua que le formuló Helmut Kohl. «¿Entiende usted algo de mujeres?» quiso saber el entonces canciller en 1990. «Siempre hablo con mi madre y con mi hermana», respondió Merkel sin saber que su respuesta la convertiría en titular del Ministerio de la Mujer y de la Juventud.
Cuando la niña de Kohl llegó a Bonn, entonces la capital política de Alemania, encontró un ambiente hostil y fue despreciada e ignorada por los barones democristianos. Pero 'Angie', como ahora le llaman sus admiradores y amigos, en lugar de sucumbir a las presiones, desarrolló un extraordinario instinto de supervivencia y se impuso la misión casi sagrada de demostrar que una mujer oriunda del lado comunista también podía ser capaz de imponer ideas propias en la jungla salvaje de la política germana.
Ambiciosa
Pero las principales virtudes de la actual canciller fueron reveladas en medio de la campaña electoral de 2005 por su primer esposo, el profesor de Física Ulrich Merkel. «Tiene una profunda inteligencia, una energía increíble y siempre fue muy ambiciosa. Decía que no se podía imaginar toda su vida trabajando como física teórica», desveló.
Pero la líder de la CDU, que en su tiempo fue bautizada como la 'hija perfecta de la unificación', además de inteligencia, perseverancia y ambición, demostró tener coraje y visión. En diciembre de 1999 publicó un artículo en el diario 'Frankfurter Allgemeine Zeitung' donde pidió a su partido romper con Helmut Kohl, que había admitido haber recibido donaciones ilegales. El parricidio político la llevó a la presidencia cristianodemócrata.
Papel moderador
Cuando Merkel juró como canciller, el país se preguntó si la entonces ex niña de Kohl tenía las cualidades necesarias para dirigir los destinos alemanes y, al mismo tiempo, impedir que sus socios socialdemócratas en el Gobierno de gran coalición terminaran imponiendo sus puntos de vista.
En las postrimerías de su primer mandato, sus admiradores alaban la calma y la prudencia que mostró la canciller en los últimos cuatro años. Sus críticos, en cambio, ponen énfasis en su actitud vacilante a la hora de tomar decisiones y su falta de liderazgo. Pero todos coinciden en destacar que el Ejecutivo bicolor sobrevivió gracias a su capacidad de moderadora, tanto en el escenario internacional como en las discusiones internas, un aspecto que la convirtió en la política más popular del país.
Pero, al mismo tiempo, Merkel llevó a cabo una transformación radical en su formación al favorecer la integración de la población musulmana en el país y erradicar la pesada influencia católica en temas como el divorcio, el aborto y la homosexualidad.
Con un estilo poco espectacular pero efectivo, Merkel modernizó a su partido, una hazaña que explica su enorme popularidad.