«La gente tiene un conocimiento muy superficial de mi padre. Conoce sus películas, pero de él saben poco, los cuatro tópicos», sentencia Juan Luis Buñuel, el hijo mayor del cineasta aragonés, a quien su primogénito y el que fue su guionista y amigo, Jean Claude Carriere, recuerdan en El último guión.
El Auditorio del Museo Reina Sofía acogió ayer la proyección de esta película documental dirigida por Javier Espada y Gaizka Urresti en la que el primogénito de Buñuel y el que fue su habitual colaborador en los últimos veinte años hacen un recorrido «físico y sentimental» por la vida del autor de Viridiana. Un viaje de dos horas de duración que comienza en su Calanda natal, hace paradas en Zaragoza, Madrid, Toledo, París, Nueva York, Los Angeles y Cannes, y tiene como último destino México, donde falleció el que para muchos es el mejor director de la historia del cine.
Divulgativo
El último guión, una «libre» adaptación de su libro de memorias Mi último suspiro, llega hoy a las salas tras su pase por más de diez festivales con el propósito de acercar al gran público la figura de don Luis y el deseo de que, una vez visto el documental, «el espectador tenga ganas de revisar sus películas y, si no las conoce, descubrirlas», apunta Javier Espada, uno de los artífices de este trabajo y responsable del Centro Buñuel de Calanda. Y fue en este museo donde nació este proyecto ligado a la memoria de Carrière y Buñuel hijo, protagonistas de un peregrinaje por los lugares que marcaron la vida del maestro y los momentos que compartieron con él.
Pero lo que iba a ser un trabajo «de museo» fue cobrando peso y se convirtió en un documental «apto para todo tipo de público» en el que el genio de Calanda sólo da un consejo «moral» a los futuros cineastas: «no hagáis una película que vaya en contra de vuestra conciencia, de vuestras ideas».
Carriére y Juan Luis Buñuel, cuya presencia llega a ser excesiva, son la voz de este «último guión» en el que vuelven la vista atrás para rememorar a este 'recto burgués' para quien siempre fue muy importante «la amistad y la libertad con que hacía sus películas», resalta Espada. La explosión de tambores de Calanda, su paso por los jesuitas en Zaragoza; la Residencia de Estudiantes y donde conoció a Lorca y Dalí se rememoran en este trabajo.