El grifo del crédito ya está prácticamente cerrado. En junio, el aumento de los préstamos concedidos a las familias apenas fue del 0,4%, hasta una cuantía de 907.734 millones de euros, cuando un año antes el ritmo de incremento era del 8,4% y en el mismo mes del ejercicio 2007 -previo al arranque de la crisis financiera internacional- el avance se había disparado a una fortísima tasa del 24%. Todavía en enero presentaba un avance del 4%, que se ha desacelerado paulatinamente.
Por segmentos, la financiación a los compradores de vivienda todavía crece un 0,9%, el menor ritmo en trece años, y se sitúa en 670.112 millones de euros. Peor lo tienen quienes solicitan préstamos para comprar bienes de consumo y otros fines, porque en este caso los fondos se han recortado el 1%, para quedar en 234.982 millones. En el verano de 2008, antes de que la quiebra de Lehman Brothers diera al traste con las esperanzas de una pronta recuperación económica mundial, los préstamos al consumo llegaron a crecer en España a un ritmo del 9%.
Los créditos a las empresas mantienen todavía un pulso algo más elevado, al aumentar en junio a un ritmo del 3,6% y según los últimos datos del Banco de España, los fondos prestados ascienden a 1,308 billones de euros. Antes de la crisis, la financiación obtenida por las compañías para sus procesos de inversión aumentaba a tasas del 20%.
La congelación se veía venir, pese a que las fuerzas políticas y agentes económicos y sociales presionan a las entidades de crédito para que sigan financiando a empresas y familias, y les recuerdan las grandes facilidades proporcionadas por el Banco Central Europeo para que puedan obtener liquidez a buen precio.
Por un lado, la contracción de los préstamos responde al frenazo de la demanda de particulares y compañías. Los hogares se resienten del efecto combinado del desplome del mercado inmobiliario, el drástico recorte del consumo doméstico y la escalada del desempleo. Por su parte, las empresas que pueden se están desendeudando, y una mayoría ha congelado sus planes de inversión a la espera de mejores tiempos.
Consejos del BCE
Bancos y cajas argumentan que siguen prestando dinero a quien se lo puede devolver, y ya no ocultan que el aumento de la morosidad y la reducción del volumen de negocio que se deriva de la crisis económica les está llevando a reorientar su actividad. Y así ocurre que bancos y cajas están aumentando sus préstamos a las administraciones públicas. Incluso las entidades que apenas tenían presencia y tradición en este ámbito ganan cuota en los últimos tiempos.
Mientras tanto, el Banco Central Europeo mantiene el precio del dinero en un mínimo histórico del 1%, bien alejado de los tipos que aplican las entidades de crédito a sus clientes. El consejo de gobierno de la autoridad monetaria, reunido ayer en Francfort, consideró que el actual nivel de los tipos de interés que se aplican en la zona de la moneda común es el adecuado para este momento.
El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, instó a las entidades financieras a «hacer su trabajo» y a conceder préstamos a las empresas y familias para facilitar con ello la recuperación económica. No es la primera vez que la autoridad monetaria realiza esta recomendación, hasta ahora con escaso seguimiento.
Trichet se declaró convencido, sin embargo, de que tanto la política monetaria como las restantes medidas adoptadas hasta ahora por el BCE acabarán por impulsar la economía, en beneficio de los hogares y de las empresas. Reconoció el presidente de la autoridad monetaria que los efectos de este tipo de política se transmiten con cierto retraso.
Percibe el Banco Central Europeo señales crecientes de que el ritmo de contracción de las economías de la zona euro se está reduciendo. Pero «las incertidumbres no han desaparecido» y hay que estar preparados porque aún puede registrarse un empeoramiento de los indicadores, han alertado los dirigentes de la institución.