«Hemos hecho una película sobre las cicatrices en el tiempo», comenta Ana Díez durante la presentación de Paisito, su nuevo trabajo. La cineasta, nacida hace 52 años en Tudela, se traslada al Uruguay previo al Golpe de Estado del 73 con la intención de retratar unas vidas segadas por el horror de la guerra. La película llegará a nuestras pantallas el próximo viernes.
La cinta narra las vidas de Xavi (Nicolás Pauls) y Rosana (María Botto), los hijos de dos familias vecinas y amigas que viven en un acomodado barrio uruguayo. Allí, descubren el amor adolescente al tiempo que en el país se edifican los pilares de lo que más tarde será la dictadura de Bordaberry. El golpe militar les separa y, 20 años más tarde, ya en España, vuelven a encontrarse. «En las dictaduras el tiempo se detiene, aunque al final siempre retorna», subraya Díez.
Éste es el quinto trabajo de una directora que siempre ha 'coqueteado' con la política en sus films. Desde Ander y Yul, su debut, en el que trataba el problema vasco, hasta el documental Hay motivo, obra colectiva con la que diversos cineastas españoles criticaban la actuación del gobierno del Partido Popular.
Tampoco le es ajeno rodar en Suramérica, no en vano, se formó en la escuela de cine de Méjico, lo que le ha llevado a mantener desde entonces «una estrecha relación con el mundo latino».
En esta ocasión, el reto era importante pues el conflicto aún está cercano. «Hubo personas que no se atrevieron a participar en este proyecto porque tenían miedo a involucrarse en algo tan reciente», aseguró. «Por esta razón», prosiguió, «nos vimos obligados a decir a las autoridades uruguayas que íbamos a rodar una historia de amor en los 70», confesó la autora, quien sostiene que «en España ha habido poca revisión de esta dictadura».
Exilio
María Botto es la cara más conocida de un reparto internacional que une a actores y actrices de España, Uruguay y Argentina. Para la actriz de Vete de mí o Soldados de Salamina, este trabajo «ha sido muy especial», ya que su padre, el también actor Diego Botto, fue una de las treinta mil víctimas del terrorismo de estado en el país argentino. Fue entonces cuando, al igual que su personaje, tuvo que trasladarse a España.
«Cuando terminaba el día de rodaje me echaba a llorar y tenía que llamar a mi familia para hablar con ellos», confesó sincera. «Se suele decir que no hay buenos ni malos, pero yo creo que unas víctimas son más responsables que otras», concluyó. También interviene Emilio Gutiérrez Caba, quien da vida en el trabajo cinematográfico a un ex combatiente republicano.