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13.07.09 -

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La crisis económica lleva aparejada las consecuencias más insospechadas. Nada ni nadie permanece ajeno a sus efectos y, en ese sentido, Correos y Telégrafos no iba a ser diferente. No en vano, el frenazo de la actividad económica supone, cuando no obliga, un cambio en los hábitos de uso.
El descenso en el volumen de cartas tiene su contrapartida en el aumento del envío de burofaxes. Así lo ponen de manifiesto desde la sociedad estatal: «El correo ordinario, al ser básicamente económico, no es de extrañar que pierda fuelle en períodos de desaceleración; sin embargo, es en épocas de vacas flacas cuando se da un mayor uso del burofax: notificaciones de embargos, reclamación de deudas...».
Hasta nuestros días, Correos ha seguido evolucionando para adaptarse a las nuevas necesidades de la sociedad, cambios que en los últimos años han adquirido un ritmo de vértigo. El actual escenario así lo impone y prueba de ello es que, con crisis o sin ella, el servicio postal está condenado a reinventarse cada mañana.
Renovarse o morir, parecen pensar desde una entidad que no olvida que su futuro pasa por el transporte de paquetería.
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