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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 13 febrero 2012

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El astro portugués bate un nuevo récord al reunir a 80.000 personas en el Bernabéu

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Unos 80.000 aficionados se congregaron en el Santiago Bernabéu para ver la presentación del portugués. / EFE
«¡Sí, sí, sí, Ronaldo ya está aquí!». Era el cántico que resonaba en Chamartín pasadas las nueve de la noche. Llegó el día D. Cristiano Ronaldo pisó el césped del Santiago Bernabéu por primera vez. Y lo hizo vestido de blanco ante 80.000 enloquecidos seguidores madridistas que no se cansaron de ovacionar cada gesto, cada sonrisa, cada palabra del extremo luso. La locura desatada desbordó a la seguridad del club, que se vio obligada a reprimir con patadas y puñetazos un conato de invasión. Fue el único incidente en una noche de celebración para toda la familia madridista. El jugador más caro de la historia del fútbol (94 millones de euros) volvió a superar todos los registros. Llenó el estadio que será su casa durante seis temporadas y dejó atrás la marca de Maradona en su presentación en Nápoles hace 25 años. Al 'Pelusa' le dieron la bienvenida 75.000 'tifosi'. Ronaldo lo pulverizó.
Con todos los honores. Sin nada que envidiar a una estrella de Hollywood o de rock. «Algo que quizá, nunca se haya hecho», aseguró con razón el presidente Florentino Pérez al referirse al acto de presentación. Estaba preparado hasta el último detalle. En un escenario en el fondo norte, rodeado de las nueve Copas de Europa, con las fotos de Di Stefano, Juanito, Zidane y Raúl presidiendo la gala y una pantalla gigante en Conchaespina para que los seguidores que no pudieron acceder al estadio siguieran el evento.
El Bernabéu era una fiesta. Mucho colorido, cánticos de todo tipo y pancartas reivindicativas: «Cristiano, te cambio a Paris por mi camiseta», y otras solicitando el matrimonio con el luso. Las colas que desde primera hora de la mañana colapsaban las calles aledañas al estadio obligaron al club a abrir las puertas del recinto dos horas antes. El público, en su mayoría jóvenes y niños, esperaban impacientes que las campanas repicaran nueve veces. El momento esperado durante tantos meses se aproximaba.
«El Real Madrid recibe hoy a uno de esos elegidos», afirmó un pletórico Florentino. «Un jugador de indudable talento y profesionalidad», añadió. Flanqueado por el presidente de honor, Alfredo Di Stefano, y como invitado de excepción Eusebio, el mejor futbolista portugués de todos los tiempos.
El portugués, de 24 años, salió de la boca del vestuario como si fuera a disputar un partido. Las abarrotadas gradas bien podían sugerirlo. «No esperaba el estadio lleno sólo para mí», aseguró un aparentemente sorprendido y emocionado Ronaldo. El extremo recorrió los metros que le separaban del escenario entre vítores y grandes aplausos. Lo hizo con el '9' a la espalda. Un número que han lucido grandes leyendas blancas como Di Stefano o Ronaldo -el brasileño-.
«Mi sueño de niño»
«Voy a ser natural. No he preparado nada», dijo nada más tomar la palabra ante una atronadora ovación. «Estoy feliz por cumplir mi sueño de niño. Jugar en el Real Madrid», sentenció ante un público entregado que interrumpía su discurso una y otra vez coreando su nombre. Ronaldo puso el broche de oro animando al respetable a contar hasta tres para gritar todos juntos: «¡Hala Madrid!».
Después comenzó la sesión de fotos ante cientos de flashes de los casi 500 periodistas acreditados. Y el turno de los regalos.
Empezó a dar toques a un balón, pero demostró que es humano, y se le fue el esférico en el control. Un niño lo recogió y se lo llevó como premio firmado por un cariñoso crack. Acto seguido, estampó su nombre en una camiseta y se la entrego a César, un chavalín elegido entre el público que confesó que su favorito era Kaká. La algarabía en las gradas continuaba. El cántico unísono de 80.000 gargantas era nítido pidiendo un beso en el escudo. El portugués, al igual que Albiol, se hizo de rogar, pero finalmente cumplió con lo deseos de la afición.
Tras una vuelta al ruedo cual José Tomás en Las Ventas y unos momentos de incertidumbre ante algunos espontáneos que reclamaban una foto, Ronaldo se despidió de sus fervientes seguidores. El idilio ha comenzado bien. El Bernabéu vivió una noche inolvidable, en la que por primera vez, el protagonista no fue un balón.
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