En 1979, Miguel de la Quadra-Salcedo creó la Ruta Quetzal por sugerencia del Rey. Hoy, en el 2009, sigue más viva que nunca y es objeto de interés de muchos jóvenes como Pablo Mahave, el único riojano presente en la edición de este año. Para él «es una experiencia irrepetible que no se puede conseguir con dinero». Quizá lleve razón. Para el joven riojano todo empezó con una historia que el jurado de la ruta escogió y terminó con una entrevista en Madrid. El cuento, con una gran base de investigación, se introduce en las vivencias de un capitán alemán de la I Guerra Mundial. Su barco naufragó y a partir de ahí inicia una búsqueda de un tesoro que se encuentra en el archipiélago de Robinson Crusoe y Juan Fernández.
Este año, el programa educativo presenta diversas novedades y se centra en la isla de Robinson Crusoe como hilo conductor. A nivel global, destaca que se ha dividido en dos fases, que se desarrollarán en España y en Chile para reducir al mínimo los riesgos de contagio con gripe A.
En lo que compete a La Rioja, los 270 expedicionarios se acercarán a los monasterios de Valvanera y de San Millán de la Cogolla. De este modo, el día 21 llegarán a Valvanera para emprender camino hacia San Millán. Será el 23 cuando los jóvenes visiten la cuna del castellano y sean recibidos por las autoridades. «Imagino que cuando estemos en La Rioja podré enseñar a mis compañeros mi tierra», destaca Pablo, que siente que está muy cerca el inicio de una aventura que seguramente marcará su vida y de la que ha oído hablar maravillas.
270 participantes
«Lo que más me atrae es la visión de convivir y compartir experiencias con mis compañeros», dice. No es para menos, ya que la expedición contará con 270 jóvenes, de 53 países y de entre 16 y 17 años.
Gracias a este programa se han formado más de 8.000 personas de Europa, América y de países como Marruecos, Guinea Ecuatorial o Filipinas. Todos ellos han estado unidos por el estudio de las culturas mediterráneas y precolombinas, tan distantes en el espacio y tan cercanas en el mestizaje.
La Rioja será visitada por auténticos aventureros, parecidos a los descritos por Pablo en su historia de tesoros y naufragios: «Nos dirigimos primero hacia el camino indicado y descendimos sigilosamente hacia las rocas cuando la marea ya empezaba a remitir. Llegamos donde se encontraban las trampas y empezamos a buscar desesperadamente entre los cientos de oquedades, alguna que penetraba en la pared. Al rato, Alvin gritó a lo lejos:
- Señor, aquí está. Lo he encontrado».