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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

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Federer vence en Wimbledon un partido heroico, recupera el número 1 y bate todas las plusmarcas

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Roger Federer se convirtió ayer en el mejor tenista de la historia, al vencer su decimoquinto torneo del Gran Slam, y superando así el récord que ostentaba, con catorce, el americano Peter Sampras. Lo hizo tras una victoria trabajada ante el también americano Andy Roddick, que defendió la inviolabilidad de su servicio durante más de cuatro horas. Sampras, que vive retirado del tenis, viajó desde Los Ángeles para estar presente en la Pista Central en el momento en el que perdía su récord. También estaban Manolo Santana, Bjorn Borg, Rod Laver... Todo estaba preparado para la ceremonia en torno al suizo, que salió a la pista con uno de sus trajes en crema y oro para dar honra a su ceremonia.
Pero un Wimbledon que echaba de menos este año la presencia de su anterior campeón, Rafael Nadal, presenció un partido incierto y largo. No hubo ni ventarrón ni chubascos, como el año pasado; no hubo que estrenar en una final el nuevo techazo que protege la Pista Central del clima variable de Londres; y no hubo sobre todo la calidad o la textura del tenis que se vio en julio de 2008. Como la final enfrentaba al impasible Federer con uno de los mejores sacadores del circuito internacional, que es al mismo tiempo un restador mediocre, era previsible que la evolución del partido dependiese de los aciertos y fallos del segundo. Y así ocurrió. En el escenario preparado para la consagración de Federer, Roddick fue el principal protagonista.
Ay, el segundo
En el primer set, los dos tenistas hicieron muy pocos puntos con el servicio del otro, hasta que llegó el 5-5. El hasta entonces cinco veces campeón de Wimbledon había comenzado a restar el primer servicio de Roddick, que los servía regularmente por encima de los doscientos kilómetros por hora. Federer tuvo oportunidad de romperle -ventaja en cuatro 'deuce' consecutivos-, pero perdió su servicio en el juego siguiente, con golpes que parecieron en él extrañamente imprecisos.
El segundo set avanzó con el mismo retrato. ¿Mantendría Roddick ese ritmo de servicios tremendos que creaba tantas dificultades a Federer o, como había ocurrido en el pasado, incluyendo dos finales en esta misma pista, llegaría el momento en el que se rendiría por completo al tenista que ha arruinado su carrera, su ambición de ganar más grandes que el que logró hace seis años en Nueva York? El set avanzó de manera muy similar al primero, pero esta vez, cuando servía con el marcador 5-6, Federer no falló. Sirvió tres 'aces'. Llegó el desempate y allí el pequeño drama que pudo decidir el partido.
Federer había tirado una bola larga sin estar forzado y Roddick logró imponerse incluso en un peloteo de ambos. El americano, con 2-6 a su favor en el tanteador del desempate, sirvió para ganar el set, pero finalmente lo perdió por los aciertos del rival y porque se atoró como un jubilado ante una bola baja cerca de la red.
Cerco al mejor
El Roddick de hace un año hubiese tirado el partido a partir de ahí. Pero esta vez mantuvo la consistencia en el servicio y la presión a Federer con algunos golpes buenos de su arsenal, especialmente el revés cruzado y raso desde el fondo de la pista.
Se llegó de nuevo al desempate, que esta vez dominó el suizo desde el primer punto. En el cuarto set del partido, Roddick rompió por segunda vez el servicio de Federer, que confesaba después que el regreso de la final al estilo de saque y resto, tan diferente al de los últimos años con Nadal, le había sorprendido. Estaba metido en un partido cuyo juego no lograba controlar. Roddick estaba aún entero, su recuperación física y mental como tenista se había confirmado en la larga semifinal contra el británico Andy Murray y ahora mostraba una consistencia en el servicio y en el juego que revelaba la seria voluntad de ganar a Federer. El americano ganó el cuarto set y ambos tenistas se encaminaron hacia un quinto que duró 95 minutos.
El set de los testarudos
Tuvo la emoción del desenlace de la final del año pasado, pero no tuvo su calidad. Nadal es un tenista más completo, que derrotó al suizo retándole en todas las facetas del juego. Roddick se mantenía en el quinto set, porque, 161 minutos después de comenzar el partido, el mejor tenista del mundo aún no había roto nunca el servicio de su rival. Fuerte y variado, tanto el primero como el segundo, el servicio de Andy Roddick planteó ayer a Federer problemas que no se habían visto en sus despliegues de Wimbledon.
No era un partido bello, le faltaba ritmo y peloteo, pero el largo quinto set se desarrolló como un tenso pulso entre los dos tenistas para ver quién cedía antes.
Andy Roddick decía después que la gente, que se asombra lógicamente con la aparente facilidad del juego de Federer, no suele valorar su capacidad de resistencia. La demostró en el quinto test de los testarudos. El americano tenía la desventaja de servir segundo, con la presión de que la pérdida de un servicio sentenciaba también el partido. Ocurrió en el trigésimo juego.
Cuatro horas y cuarto después de comenzar el partido, Roger Federer logró romper el servicio de Andy Roddick y se entregó complaciente a las ceremonias que le consagraban como el mejor tenista del mundo. Quiere jugar unos cuantos años más. Pero, tras perder el año pasado contra Nadal, estuvo a punto de hacerlo ayer contra Roddick, y estos ya son dos nombres de tenistas que quieren confinar sus éxitos a los libros de historia.
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