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04.07.09 -

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La honradez recompensada, siempre, en España
S iempre surgen noticias que te reconcilian con el mundo; la del ciudadano logroñés que entregó a la Policía Nacional un sobre hallado en plena calle, con 18.150 euros en su interior, es una de ellas.
Han sido días extraños. El adiós a Pilar Salarrullana, todo un carácter, contrasta con el show bussines que la familia de Michael Jackson está representando tras la muerte de la estrella del pop. Cantor blanco, corazón negro, que diría Clint Eastwood. Coraje con nombre de mujer -Pilar de honestidad y consecuencia-, frente a la frivolidad y el merchandising.
Fue Adolfo Marsillach quien llevó a escena La honradez recompensada, siempre, en España, una parodia tardofranquista que rescataba de una forma muy sui generis la figura del pícaro, aunque esta vez bajo el disfraz del antihéroe. Desde que El Lazarillo de Tormes lo inmortalizara, el pícaro forma parte de nuestras señas de identidad. Los españoles lo tenemos tan asumido como los extranjeros estereotipado.
Incluso, cuando sales del país comienzas a darte cuenta de que no todos los escoceses tocan la gaita ni todos los austríacos llevan sombrero tirolés. Aprendes, incluso, que sir Francis Drake no era aquel pirata que derrotara con malas artes a la armada española, como se nos inculcaba en la escuela predemocrática, sino un condecorado almirante de la reina 'queen' Isabel I.
Por eso reconforta saber que todavía hay gente como Marcelino Ciria, que no se deja cegar por el color del dinero. Su mayor recompensa: la honestidad.
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